jueves, 22 de septiembre de 2022



Alberto Giacometti en el,año 1950:en el parque de Eugène Rudier en Vésinet, posando junto a Les Bourgeois de Calais (Burgueses de Calais) de Rodin.

Auguste Rodin (París, 1840-Meudon, 1917) y Alberto Giacometti (Borgonovo, Suiza, 1901-Coira, Suiza,1966) nunca se conocieron. De hecho, cuando Giacometti llegó a París, en 1922, Rodin ya llevaba cinco años muerto. Sin embargo, a través de sus trayectorias artísticas podemos ser testigos de un interesante diálogo entre ambos con muchos puntos en común y también con algunas diferencias, algo inevitable en dos artistas tan libres a los que separa más de una generación.



Más allá de algunos aspectos puramente formales que comparten ambos artistas, como pueden ser el uso de la materia y la acentuación del modelado, la preocupación por el pedestal y el gusto por el fragmento o la deformación, el diálogo que se establece entre ellos va mucho más allá.




Rodin es uno de los primeros escultores considerado moderno por su capacidad para reflejar (primero a través de la expresividad del rostro y el gesto, con el paso de los años centrándose en lo esencial) conceptos universales como angustia, dolor, inquietud, miedo o ira; también es este uno de los rasgos fundamentales de la obra de Giacometti: sus obras posteriores a la guerra, esas figuras alargadas y frágiles, inmóviles, a las que Jean Genet denominaba “los guardianes de los muertos” expresan, despojándose de lo accesorio, toda la complejidad de la existencia humana.



Por sus series de dibujos que incansablemente exploran posturas que son formas y formas que son abstracciones; por sus esculturas que, una y otra vez, buscan el matiz de un gesto, la sutil diferencia de una expresión que transforma el punto de vista, Auguste Rodin (París, 1840 – Meudon, 1917) fue uno de esos tipos. Su incesante vuelta al origen, manifestada también a modo de implacable revisión de la antigüedad clásica y arcaica, enseguida cautivaron la atención del niño Alberto Giacometti (Borgonovo, 1901 – Coira, 1966) quien, en el estudio de su padre artista, en Suiza, absorbió esas enseñanzas para ponerlas en práctica intermitentemente en distintas fases a lo largo de su vida.



Rodin plasmó es su Monumento a los burgueses de Calais se compara con la acumulación de figuras espectrales que conviven sobre los pedestales de Giacometti; los pedestales con los que ambos jugaron y experimentaron se convierten en figuras deformadas en muchas de sus esculturas; y la deformidad y el accidente en que ambos se regodean se erige como una categoría artística en sí misma. Todo un juego de relaciones que, se fundamenta en deducciones objetivas extraídas de los archivos del artista suizo. Giacometti estaba en la escuela tenía que pagar el autobús, pero durante un tiempo tuvo que ir andando porque dedicó el dinero a comprar un libro con las obras de Rodin”.










































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