viernes, 20 de febrero de 2026

Alfred Sisley: El impresionista invisible

Alfred Sisley nació en 1839 en París, en el seno de una familia británica acomodada. Aunque fue enviado a Londres para formarse en el comercio, pronto descubrió que su verdadera vocación era la pintura. De regreso en París, ingresó al taller de Charles Gleyre, donde conoció a jóvenes artistas como Claude Monet y Pierre-Auguste Renoir. Con ellos formaría parte del grupo que más tarde daría origen al movimiento impresionista, una corriente que revolucionó la pintura al centrarse en la luz, el color y la captación de instantes fugaces de la naturaleza.




A diferencia de muchos de sus compañeros, Sisley se dedicó casi exclusivamente al paisaje. No se interesó demasiado por el retrato ni por las escenas urbanas modernas; su mirada se dirigía al campo, a los ríos, a los caminos y a los pequeños pueblos franceses. Pintaba al aire libre, buscando captar los cambios de la luz y las variaciones del clima con una sensibilidad muy delicada. Sus obras transmiten serenidad, equilibrio y una profunda armonía con la naturaleza, lo que refleja también su temperamento reservado y constante. Fue uno de los miembros más fieles al estilo impresionista, sin desviarse hacia otras corrientes ni adaptarse a modas pasajeras


Sin embargo, su vida estuvo marcada por dificultades económicas. La Guerra Franco-Prusiana arruinó el negocio familiar y lo dejó sin apoyo financiero. Mientras otros impresionistas comenzaron a obtener reconocimiento y ventas importantes, Sisley vivió casi siempre con recursos limitados. A pesar de ello, nunca abandonó su vocación ni modificó su estilo para agradar al mercado. Esa perseverancia demuestra su compromiso sincero con el arte y su fidelidad a su visión personal, incluso en momentos de incertidumbre y frustración.




En sus últimos años se estableció en Moret-sur-Loing, donde continuó pintando paisajes tranquilos y luminosos hasta su muerte en 1899. Aunque durante su vida no alcanzó la fama de algunos de sus compañeros, hoy se le reconoce como uno de los representantes más puros del impresionismo. Su obra, apreciada por su delicadeza y coherencia, ocupa un lugar fundamental en la historia del arte del siglo XIX y sigue siendo admirada por la sensibilidad y calma que transmite.





Bibliografía: El Poder del Arte

lunes, 9 de febrero de 2026

El 3 de mayo en Madrid o "Los fusilamientos" obra del pintor aragonés Francisco José de Goya y Lucientes (1746​-1828​)

 

El 3 de mayo en Madrid o "Los fusilamientos" obra del pintor aragonés Francisco José de Goya y Lucientes (1746​-1828​) terminado en 1814 y con unas dimensiones de 268 x 347 cm. Actualmente se encuentra en la sala 064 del Museo del Prado Madrid _ España.

La composición es un ejemplo definitivo de lo que se llamó composición orgánica, propia del romanticismo, en la que las líneas de fuerza vienen dadas por el movimiento de las figuras y por las necesidades del motivo, y no por una figura geométrica impuesta a priori por la preceptiva. En este caso el movimiento lleva de la izquierda a la derecha, hay personas y caballos cortados por los límites del cuadro, como si fuera una instantánea fotográfica.



Entre 1808 y 1814, España vivió uno de los periodos más traumáticos de su historia: la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia. Goya, que tenía entre 62 y 68 años, permaneció en Madrid durante casi todo el conflicto, aislado, enfermo y profundamente marcado por la violencia que presenció. Aunque siguió vinculado a la corte (primero bajo José Bonaparte y después con la restauración de Fernando VII), su visión del mundo cambió radicalmente: desapareció el optimismo ilustrado y surgió una mirada amarga, crítica y desengañada sobre el ser humano.




Durante estos años realizó dibujos y grabados como Los desastres de la guerra, donde mostró sin heroísmo ni propaganda el horror, el hambre y la crueldad sufridos por la población civil. En 1814, tras la derrota de los franceses, el nuevo gobierno le encargó pintar El 2 de mayo de 1808 y El 3 de mayo de 1808, obras en las que Goya rompió con la pintura histórica tradicional al dar protagonismo al pueblo anónimo y mostrar la represión de forma directa, emocional y brutal. Estos años consolidaron su etapa más moderna y oscura, anticipando el arte contemporáneo y reflejando a un artista que ya no confiaba ni en el poder, ni en la guerra, ni en la razón humana.


La oscura pintura muestra imágenes fuertes y crea el arquetipo del horror en la pintura española, que Goya aprovechó en esa época para sus aguafuertes titulados Los desastres de la guerra.

El 3 de mayo de 1808 ha inspirado numerosos cuadros, como El fusilamiento de Maximiliano, de Édouard Manet, así como otras obras de éste relativas a la acción bélica. Guernica y Masacre en Corea son las dos obras de Pablo Picasso en que se aprecia la influencia de Los fusilamientos.


Habitualmente, en El tres de mayo de 1808 en Madrid se ha señalado el contraste entre el grupo de detenidos prontos a ser ejecutados, personalizados e iluminados por el gran farol, con un protagonista destacado que alza en cruz los brazos y viste de radiante blanco y amarillo, e iconográficamente remite a Cristo (se aprecian estigmas en sus manos); y el pelotón de fusilamiento anónimo, convertido en una deshumanizada máquina de guerra ejecutora donde los individuos no existen.


La noche, el dramatismo sin ambages, la realidad de la masacre, están situados también en una escala grandiosa. Además el muerto en escorzo en primer término, que repite los brazos en cruz del protagonista, dibuja una línea compositiva que comunica hacia el exterior del cuadro con el espectador, que de nuevo se siente implicado en la escena. La noche cerrada, herencia de la estética de «lo sublime terrible», da el tono lúgubre al suceso, en el que no hay héroes, solo víctimas: unos de la represión y otros de la formación soldadesca. La elección de la noche es un factor claramente simbólico, ya que se relaciona con la muerte, hecho acentuado con la apariencia cristológica del personaje con los brazos en alto.


En la composición se distinguen claramente dos grupos enfrentados. A la derecha aparecen los soldados franceses, alineados y de espaldas al espectador, sin rostros visibles, lo que los convierte en una fuerza anónima y deshumanizada. A la izquierda se sitúan los condenados, iluminados por un farol, mostrando expresiones individuales de terror, desesperación y resignación ante la muerte. 



El uso del color y de la luz refuerza el dramatismo de la escena. El fondo oscuro y el paisaje apenas definido aumentan la sensación de angustia y aislamiento, mientras que el contraste entre la luz del farol y la noche subraya el momento exacto de la ejecución. La sangre en el suelo y los cadáveres ya abatidos acentúan el carácter violento y realista de la obra. Goya no idealiza la muerte ni embellece el sufrimiento, sino que lo presenta de forma directa para provocar una reacción emocional en el espectador.


Como anécdota, esta obra resultó incómoda durante mucho tiempo debido a su fuerte carga política y a su visión tan crítica de la guerra, por lo que no siempre fue exhibida con regularidad. Además, rompe con la tradición de la pintura histórica al no glorificar a los vencedores ni presentar un mensaje patriótico convencional. Por este motivo, Los fusilamientos del tres de mayo es considerada una obra adelantada a su tiempo y un precedente del arte moderno, influyendo en artistas posteriores por su intensidad emocional y su denuncia de la violencia y la barbarie humanas.





Bibliografía :
Francisco de Goya, Madrid, Arlanza, 2005.
HAGEN, Rose-Marie y Rainer Hagen, Francisco de Goya, Colonia, Taschen, 2003. RAPELLI, Paola, Goya, Madrid, Electa, 1997 (serie «ArtBook»).
TRIADÓ TUR, Juan Ramón, Goya, Barcelona.
El Poder del Arte


jueves, 29 de enero de 2026

Jeanne Hébuterne y Amedeo Modigliani.

Jeanne Hébuterne fue una joven pintora y modelo francesa nacida en 1898, recordada sobre todo por su intensa y trágica relación con el artista italiano Amedeo Modigliani. Provenía de una familia católica, conservadora y de clase media, lo que contrastaba fuertemente con el ambiente bohemio y transgresor del París artístico de principios del siglo XX.



Jeanne era una mujer reservada, de belleza delicada y melancólica, con grandes ojos claros que Modigliani retrató una y otra vez en sus pinturas. Aunque durante mucho tiempo fue vista solo como “la musa” del artista, hoy se reconoce que también tenía talento propio como pintora, aunque su obra quedó eclipsada por la fama y el drama que rodearon su vida.




Jeanne y Amedeo Modigliani se conocieron alrededor de 1917 en París, probablemente en la Académie Colarossi o en los círculos artísticos de Montparnasse, donde se reunían pintores, escritores y poetas de vanguardia. Modigliani ya era conocido por su estilo único, sus retratos de cuellos alargados y rostros estilizados, así como por su vida marcada por el alcohol, las drogas y una salud frágil. A pesar de la diferencia de edad (él tenía más de treinta años y ella apenas diecinueve), surgió entre ellos una relación profunda y apasionada. Jeanne se enamoró intensamente de Modigliani y decidió acompañarlo, incluso enfrentándose a la desaprobación total de su familia, que nunca aceptó la relación.



La vida juntos estuvo marcada por el amor, pero también por la pobreza, la enfermedad y el aislamiento. Modigliani sufría de tuberculosis, agravada por sus excesos, y tenía grandes dificultades para vender su obra en vida. Jeanne, silenciosa y leal, se convirtió en su principal apoyo emocional, posando incansablemente para él y cuidándolo en medio de constantes mudanzas y penurias económicas. Tuvieron una hija en 1918, Jeanne Modigliani, y al año siguiente Jeanne quedó nuevamente embarazada. A pesar de las dificultades, los testimonios coinciden en que existía entre ellos un vínculo profundo, casi desesperado, en el que el arte y la vida se confundían.



En enero de 1920, la tragedia se consumó. Modigliani murió con apenas 35 años a causa de una meningitis tuberculosa. Jeanne, devastada por la pérdida, tenía nueve meses de embarazo y estaba completamente sola, ya que su familia solo reapareció para llevársela a la fuerza tras la muerte del artista. Dos días después del funeral de Modigliani, Jeanne Hébuterne, sumida en una profunda desesperación, se arrojó desde la ventana de un quinto piso y murió junto con el hijo que esperaba. Tenía solo 21 años. Su muerte conmocionó al entorno artístico y selló para siempre la imagen de esta historia como una de las más trágicas del arte moderno.




Durante años, Jeanne fue enterrada en una tumba separada, sin reconocimiento, debido al rechazo persistente de su familia hacia Modigliani. No fue sino hasta una década más tarde que sus restos fueron trasladados junto a los de él en el cementerio de Père-Lachaise, con una inscripción que la recuerda como “la devota compañera hasta el sacrificio extremo”. Hoy, la figura de Jeanne Hébuterne se revisita con una mirada más justa: no solo como la amante trágica de un genio, sino como una joven artista cuya vida y obra fueron truncadas por las circunstancias, el amor absoluto y un destino cruel que sigue conmoviendo al mundo.





Bibliografía : El Poder del Arte


lunes, 26 de enero de 2026

El Castillo de Bellver es uno de los monumentos más singulares de Mallorca



El Castillo de Bellver es uno de los monumentos más singulares de Mallorca y una de las fortalezas medievales más sorprendentes de Europa. Su historia se remonta a comienzos del siglo XIV, cuando fue mandado construir por el rey Jaime II de Mallorca como residencia real y fortaleza defensiva. A lo largo de los siglos, el castillo ha tenido múltiples funciones: palacio, prisión militar y hoy en día museo. Su nombre, “Bellver”, significa “bella vista”, un término que describe perfectamente la impresión que produce tanto por su ubicación como por las panorámicas que ofrece sobre Palma y la bahía.




La construcción del castillo comenzó alrededor del año 1300 y se llevó a cabo con piedra marés, un material típico de las Islas Baleares, fácil de trabajar pero resistente. Fue diseñado para cumplir funciones tanto residenciales como defensivas, algo habitual en las edificaciones reales de la época. La obra se realizó con gran precisión arquitectónica, lo que ha permitido que el castillo llegue hasta nuestros días en un excelente estado de conservación, a pesar de los siglos y de los distintos usos que ha tenido.


Uno de los aspectos más llamativos del Castillo de Bellver es su planta circular, un rasgo extremadamente poco común en la arquitectura militar medieval. Esta forma le otorga una armonía visual muy especial y, al mismo tiempo, una gran eficacia defensiva. En el centro se encuentra un patio también circular, rodeado por dos niveles de galerías con arcos góticos que aportan ligereza y elegancia al conjunto, creando un contraste entre la solidez exterior y la delicadeza interior.






El estilo arquitectónico del castillo es el gótico, aunque adaptado a las necesidades de una fortaleza. Se aprecia en los arcos apuntados, las bóvedas y la disposición de los espacios, pensados para combinar comodidad y protección. A diferencia de otros castillos puramente militares, Bellver muestra una clara intención estética, lo que refuerza su carácter de palacio real. Esta combinación de belleza y funcionalidad hace que el edificio sea único dentro del patrimonio histórico español.



Desde el punto de vista estratégico, el castillo se encuentra situado sobre una colina a unos 112 metros sobre el nivel del mar, dominando la ciudad de Palma y su puerto. Esta ubicación permitía vigilar posibles ataques desde el mar y controlar los accesos terrestres, convirtiéndolo en un punto clave para la defensa de la isla. Además, su posición elevada lo hacía difícil de asaltar y facilitaba la comunicación visual con otros puntos defensivos.



Una de las curiosidades más llamativas del Castillo de Bellver es que es uno de los pocos castillos circulares de Europa y el único de este tipo en España. Esta forma no fue solo estética: permitía una mejor defensa, ya que eliminaba los ángulos muertos y facilitaba la vigilancia continua desde cualquier punto de la muralla.





Aunque fue construido como residencia real, durante siglos el castillo tuvo un uso muy distinto: sirvió como prisión. En sus estancias estuvieron encarcelados personajes ilustres, como Gaspar Melchor de Jovellanos, político y pensador ilustrado, quien aprovechó su reclusión para escribir y estudiar, dejando valiosos testimonios sobre la isla y el propio castillo.




Otra curiosidad es que la torre del homenaje no está unida directamente al edificio principal, sino separada por un pequeño puente. Esto permitía aislarla en caso de asedio y convertirla en el último refugio defensivo. Desde allí se tiene una de las vistas más amplias de Palma y su bahía, lo que refuerza el significado del nombre “Bellver”.





Durante el siglo XIX, el castillo fue utilizado como prisión para soldados y prisioneros políticos, especialmente tras conflictos militares. En aquella época, las condiciones eran duras y muchas de las salas nobles se transformaron en celdas, alterando temporalmente su función original como palacio.



Se dice que en noches tranquilas, cuando el castillo queda en silencio, el lugar transmite una sensación muy especial, fruto de los siglos de historia acumulada entre sus muros. No faltan leyendas locales que hablan de ecos del pasado y de la fuerte carga histórica que aún parece permanecer en el ambiente.


Hoy, lejos de su pasado bélico y penitenciario, el Castillo de Bellver es sede del Museo de Historia de la Ciudad de Palma y escenario de conciertos y actos culturales. Esta transformación es, en sí misma, una curiosidad: un lugar pensado para la defensa y el encierro convertido en un espacio abierto al conocimiento, la música y la contemplación del paisaje.







El Castillo de Bellver no solo es un testimonio del pasado medieval de Mallorca, sino también un lugar desde el que se puede comprender la relación entre la ciudad, el paisaje y el poder. Caminar por sus murallas y contemplar el entorno permite imaginar la vida de quienes lo habitaron y defendieron. Es un espacio donde la historia, la arquitectura y la naturaleza se unen, dejando una impresión profunda en quienes lo visitan y lo observan a través de fotografías o palabras.



Bibliografía. El Poder del Arte