viernes, 13 de julio de 2018

"Alice", obra de Amedeo Modigliani


"Alice", obra de Amedeo Modigliani, fue realizado alrededor de 1918 y con unas dimensioens de 39 x h78.5 cm. Actualmente se encuentra en Stgate Musuem Art en Oldenburg, Lower Saxony_ Alemania.


«Quisiera que mi vida sea un torrente fértil que recorra la tierra con alegría. Soy rico, estoy lleno de ideas y sólo necesito trabajar. […] Un burgués me dijo hoy —con la intención de insultarme— que mi cerebro estaba siendo desperdiciado. Me hizo mucho bien. Todos deberíamos realizar un recordatorio como ese cada día.»
 Fragmento de una carta a su amigo, el pintor Oscar Ghiglia, 1898


Aunque Modigliani vivió y trabajó en París, y estuvo en contacto con los artistas que protagonizaron los principales movimientos de vanguardia de la época, su obra se desarrolló al margen de todos ellos. Amedeo Modigliani, habitualmente enmarcado en la llamada Escuela de París, creó su propio estilo, caracterizado básicamente por el tratamiento de sus modelos a partir de líneas onduladas y formas planas y alargadas. Mientras sus amigos artistas producían proclamas, manifiestos, programas y definiciones absolutas, él pintó y esculpió fuera de cualquier programa. 


Modigliani paseaba por el Museo del Trocadero con su amigo Paul Alexandre, por las galerías, en las que se podía ver obra de Monet, Pissarro, Van Gogh o Cézanne, por el Louvre para ver la pintura del pasado, o por la tienda de Clovis Sagot y la galería de Ambroise Vollard, donde se podía ver obra de Picasso. 


La mayor parte de la producción de Modigliani está formada por retratos y estudios de la figura humana, en los que siempre reconocemos como rasgos característicos de su lenguaje los rostros ovalados, el trato suave y delicado de las figuras, las líneas sinuosas y las formas planas y alargadas. 


Los retratos, aparentemente simples en su composición y tratamiento, tienen un trasfondo psicológico que no puede pasar desapercibido. Son el reflejo de su entorno, ya que el motivo de estos retratos son sus amigos de Montparnasse, pintores, poetas, marchantes, y también las mujeres que vivían con ellos. 

Jeanne Hébuterne

Son muchas las mujeres que compartieron con Modigliani sus años en París. De sus amantes y modelos más estables, la primera que conocemos es Beatrice Hastings, con la que mantuvo una tormentosa relación en 1915. Beatrice era una mujer culta, con contactos en París, y fue quien le animó a volver a la pintura. Pero el gran amor de Amedeo Modigliani es Jeanne Hébuterne, una joven estudiante de dibujo de la Academie Colarossi, que conoció en una fiesta de disfraces en el Carnaval de 1917.


Entre los años 1916 y 1918 Modigliani realizó una autentica galería de retratos del Montparnasse de la época. Después, durante su estancia en el sur en Cagnes y en Niza, posaron para él personajes anónimos, campesinos y jóvenes trabajadoras que vieron dignificado su trabajo a través de la pintura. Los retratos que realiza a partir de 1918 son los que se identifican plenamente con el lenguaje plástico de Modigliani. En ellos aparecen los rostros ovalados, los cuellos estilizados y exageradamente alargados, los rostros planos, los ojos almendrados y azules que parecen mirarnos desde el lienzo y las bocas cerradas y pequeñas.





Bibliografía: https://imagenes.educathyssen.org







lunes, 9 de julio de 2018

El palacio del Barón de Quadras


El palacio del Barón de Quadras es un edificio modernista. Realizado por el arquitecto Josep Puig i Cadafalch entre los años 1904 y 1906, se encuentra en  la avenida Diagonal de Barcelona _ España. 


Pocos arquitectos tienen una relación tan directa entre su pensamiento y su obra ejecutada como es el caso de Puig i Cadafalch.


Una breve exposición del pensamiento del arquitecto, especialmente en cuanto al valor de la recuperación simbólica de nuestro pasado medieval, que considero contribuirá a entender mejor este edificio y la arquitectura de Puig i Cadafalch en general.


El  Barón de Quadras empresario e industrial originario de la comarca d’Osona, quien le encomendó la reforma de un edificio existente para su residencia barcelonesa. El resultado del encargo es uno de los mejores ejemplos de la arquitectura de Puig i Cadafalch en Barcelona, todo un compendio de su posicionamiento ideológico.



La fachada a la Avenida Diagonal está mucho más elaborada compositivamente y es más rica en detalles decorativos. Estilísticamente evoca el gótico del norte de Europa, tan querido por Puig i Cadafalch, como se manifiesta en la puerta de acceso, con arquivoltas lobuladas, la trabajadísima tribuna de la primera planta, los ventanales neogóticos de la segunda, la galería de arcos carpaneles de la tercera o la composición de la última planta, con mansarda sobre un alero muy volado y cubierta a dos vertientes extraordinariamente inclinada, con gabletes en las ventanas. 




La puerta de acceso es el único elemento que se escapa, pretendidamente, de la composición simétrica que ordena la fachada, lo que habría resultado en exceso clasicista. En cuanto a los detalles decorativos se manifiestan de manera exuberante en la tribuna de la primera planta, en una densidad escultórica propia del plateresco castellano: guirnaldas, escudos, emblemas, capiteles, motivos florales, pináculos, florones de remate, gárgolas y hasta veinte bustos de personajes con aire medieval, sin olvidar al san Jorge que en la esquina de la tribuna mata al dragón en una postura imposible.



Una vez se entra en el edificio lo más fascinante es el patio de luces interior desde donde arranca la caja de escaleras que da acceso a la planta principal, la residencia del barón. La existencia de este patio, más allá de la función higienista de ventilar y iluminar, deriva de la voluntad del arquitecto de recuperar la tipología tradicional de las casas góticas urbanas catalanas, que tan explícitamente se manifiesta en la Casa Macaya, construida unos pocos años antes en el Paseo Sant Joan, de la que doy detalle en el post correspondiente. 




Las paredes del vestíbulo, la escalera y el patio están decorados con barandillas de cerámica de colores, reforzando una pretendida atmósfera arabizante que viene enfatizada por la fuente situada en el centro del patio. La majestuosa escalera, por el contrario, tiene un aire medieval, al igual que los ventanales de la primera planta del vestíbulo de acceso a la vivienda, profusamente decorados en piedra con emblemas del barón y relieves de personajes medievalizantes, similares a los de la fachada principal.




Este gran despliega decorativo es posible gracias a la colaboración de los diversos artesanos y artistas que bajo el paraguas de la arquitectura colaboran con Puig i Cadafalch, tan propia del modernismo. Citemos a los escultores Eusebi Arnau y Alfons Jujol, que se encargaron de la recargada ornamentación; los trabajos de forja en las dos puertas de acceso al edificio, muy elaborados, son de Manuel Ballarín; el mosaico a la romana clásica del pavimento del vestíbulo es de Lluís Brú, y las cerámicas de Mario Maragliano, destacables en los arrimaderos.







En conjunto, un edificio digno de ser conocido. Aunque no sea fácil acceder a las salas nobles de la antigua residencia del barón, hoy sede del Instituto Ramon Llull, consorcio público de la Generalitat de Cataluña y del Ayuntamiento de Barcelona para la promoción internacional de la lengua y la cultura catalanas, no hay dificultad ninguna en visitar el vestíbulo y el sorprendente conjunto que forman el patio y la caja de escaleras. 




Bibliografía : https://laspiedrasdebarcelona.blogspot.com















jueves, 5 de julio de 2018

"La gitana con la mandolina" obra de Jean-Baptiste Camille Corot

"La gitana con la mandolina" obra de Jean-Baptiste Camille Corot del año 1874 y con unas dimensiones de 58 x 80 cm. Actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Sao Paulo Assis Chateaubiand en Brasil.


Aunque el francés Jean-Baptiste Camille Corot (1796-1875) es conocido como el padre del impresionismo por sus paisajes, en su trayectoria también pintó numerosos retratos que permanecieron ocultos en su taller hasta después de su muerte. "La parte más moderna de la pintura de Corot es la que menos se difundió durante su vida", El pintor y sus modelos" el artista siempre se mostró reticente a difundir estas obras por considerarlas experimentales.


A pesar de que sus paisajes eran habituales en los salones, Corot solo expuso cuatro retratos a lo largo de su vida, la parte "más personal, secreta y moderna" de la obra del artista.


Mientras que los protagonistas de sus primeros retratos, con una técnica todavía algo "torpe", fueron sus familiares y amigos, más adelante Corot comenzó a pintar mujeres modelos con el objetivo de "fusionar los paisajes y la figura humana".

Mujer joven enestado mandolina

Corot invitaba a las modelos a su taller de la calle Poissonnière, en el norte de París, las vestía con trajes típicos griegos e italianos que le recordaban sus viajes y las pintaba para después añadir de fondo un paisaje imaginado.

Mujer tocando la mandolina, del año 1850

El maestro francés retrataba casi exclusivamente mujeres, a excepción de varios cuadros de hombres con armadura y de monjes, pintados en tonos ocres, grises y blancos. Como todos los paisajistas de la época, Corot fue a Italia a completar su formación y "aparte del aprendizaje, volvió con muchos recuerdos".

La Femme à la perle, 1869, Musée du Louvre, Paris

Fue uno de los paisajistas más importantes de Francia y del siglo XIX. A lo largo de su vida, Corot viajó por las diferentes regiones de Francia, Bélgica, Holanda, Londres, Suiza e Italia; a éste último país realizó tres viajes, tal como era obligación de todos los paisajistas de la época, en 1825, 1834 y 1843. De estos viajes destacan sus paisajes al aire libre con colores brillantes y pinceladas fluidas, como la presente obra que muestra un paisaje de campaña en las afueras de Roma.


Corot buscaba plasmar la realidad tan verazmente como fuera posible. En su obra, el artista se concentró menos en los detalles que en las formas y las tonalidades de sus motivos como se observa en el personaje sentado en la barda del balcón. La figura no se aprecia finamente dibujada y sin embargo, se aprecia muy apegada a la realidad visual.

Agostina, 1866, National Gallery of Art

Trabajador incansable por el puro gusto personal que le producía su oficio, la amplísima producción de Corot nunca muestra la fatiga del quehacer aburrido. Durante el más de medio siglo en que estuvo pintando sin interrupción, Corot varió de temas y estilo, aunque sin darnos jamás la sensación de falta de unidad, ni, menos, de insinceridad oportunista. Mantuvo siempre una cierta distancia ante el motivo, acercando lo más lejano, como si el cuerpo del paisaje estuviera siempre en el horizonte profundo.

Fue un hombre sencillo y generoso con sus amigos y alumnos, tanto en lo que se refiere al dinero como al tiempo (llegó incluso a firmar cuadros de compañeros poco afortunados), lo cual le valió el sobrenombre de père Corot (padre Corot). 



Bibliografía : https://www.eldiario.es




lunes, 2 de julio de 2018

La Villa Médici en Roma Italia

La Villa Médici es un complejo arquitectónico de Roma _ Italia. Fundada por Fernando I de Médici, Gran Duque de Toscana para conservar su colección de obras de arte.  , alberga la Academia Francesa en Roma desde 1803. El edificio actual data de mediados del siglo XVI; el proyecto se debe al arquitecto Giovanni Lippi. 


Desde principios del siglo XIX es sede de la Academia de Francia, fundada en 1666. La villa presenta una fachada exterior sobria; situada en un alto basamento, aparece casi como una estructura defensiva. 


Existe un neto contraste con la fastuosidad de la fachada interior, decorada con guirnaldas y máscaras, estatuas y bajorrelieves antiguos, que se abre con una encantadora galería sobre jardines en terrazas, salpicados por esculturas y fuentes, una de ellas con un obelisco.


Por insistencia del cardenal, Ammanati incorporó en el diseño bajorrelieves y estatuas romanas que se estaban descubriendo con casi cada palada de tierra, con el resultado de que las fachadas de la Villa Médicis se convirtieron en un museo al aire libre virtual. Una serie de grandes jardines recordaban a los jardines botánicos creados en Pisa y Florencia por el padre del cardenal, Cosme I de Médicis, protegidos en plantaciones de pinos, cipreses y robles.


Entre el llamativo ensamblaje de esculturas romanas en la Villa hay alrededor de ciento setenta piezas compradas de dos colecciones romanas que se habían unido a través del matrimonio, la Capranica y la della Valle.


Durante un siglo y medio la Villa Médicis fue una de los entornos más elegantes y mundanos de Roma, la sede de la Embajada de los Grandes Duques ante la Santa Sede. Gracias a sus buenas relaciones con los reyes de España, los duques hospedaron en esta casa al pintor Velázquez, quien había caído enfermo con unas fiebres atribuidas a la poca salubridad del casco antiguo de la ciudad. Velázquez disfrutó de un aire más puro y de paisajes más sugestivos mientras se alojó en la Villa Médicis, y aquí pintó sus dos Vistas de la Villa Médicis (Museo del Prado).




Cuando los Médicis se extinguieron en su línea masculina en 1737, la Villa pasó a la casa de Lorena y, brevemente en los tiempos napoleónicos, al Reino de Etruria. De esta manera, Napoleón Bonaparte entró en posesión de la Villa Médicis, que él transfirió a la Academia Francesa en Roma. Desde entonces ha alojado a los ganadores del prestigioso Premio de Roma, con directores distinguidos como Ingres y Balthus.











Bibliografía: http://www.romacitta.esy.es