martes, 15 de marzo de 2022

“El molino de Wijk bij Duurstede”, obra Jacob van Ruisdael

 

“El molino de Wijk bij Duurstede”, obra del pintor holandés Jacob van Ruisdael del año 1670 imensiones de y con unas de 83 x 1,01 cm. Actualmente se encuentra en Rijksmuseum en Ámsterdam _ Holanda.



Los cuadros de paisajes fueron un tema común en el arte de Flandes y los países bajos desde el siglo XV. Estas pinturas pasaron por una serie de transformaciones en las cuales el paisaje como elemento destacado servía de telón de fondo para narrar alguna historia concreta en la cual las figuras humanas protagonizaban la obra y el paisaje a su vez se adaptaba a los requerimientos de la composición. Pero como género autónomo, independiente de las historias que se narraban, el paisaje llega a su madurez en la Holanda del siglo XVII.



Jacob van Ruysdael nació en Haarlem, hijo de un pintor y fabricante de marcos y sobrino de Salomon van Ruysdael, destacado pintor de paisajes en su época. Seguramente se formó en los talleres de pintura de su familia, con lo cual tenía asegurada su profesión como paisajista.

En 1648 fue admitido como miembro de la guilda de San Lucas en Haarlem, la corporación de los pintores de la ciudad. Pocos años después viajó a Alemania en compañía de otros amigos artistas y tras su regreso a Holanda en 1653 se estableció en Ámsterdam fundando su propio estudio. Muy conocido por las representaciones fastuosas de las nubes, y los efectos de la luz a través de ellas.



El artista realizaba también reproducciones detalladas de los árboles. Su pintura exhibida en los Uffizi, Paisaje con pastores y agricultores, muestra sus construcciones típicas de nubes imponentes, sobre magníficos árboles.


En este cuadro, realizado con un horizonte bajo como era usual en esa época, el cielo ocupa dos tercios de la escena. Este cielo, dramático y tormentoso aunque sin tempestad, avizora un clima que se pondrá borrascoso en cualquier momento. La luminosidad de este cielo es muy notable, a pesar de las nubes oscuras que hay en el horizonte. Las suaves olas marinas de color gris bañan la pequeña playa y este mar calmo y suave contrasta con el cielo. La tierra, que de acuerdo al ángulo de perspectiva en el que está representada se adentra en el horizonte, tiene pocos accidentes y es, tal como sucede en Holanda, más bien plana y apacible.



Está poblada de pastos, arbustos y árboles bajos y no se ven bosques en las cercanías, con lo cual podemos inferir que no es lo que se podría denominar un “paisaje salvaje” sino más bien un paisaje que ha sido dominado y modificado por el ser humano.


Van Ruysdael ejecutaba sus pinturas en su estudio, habiendo tomado previamente apuntes del lugar que iba a representar. No era un pintor que trabajara “in situ”, sino que modificaba a propósito algunos elementos para conseguir una composición más equilibrada y para lograr sutiles variaciones de tono y color con el fin de darle más dramatismo al paisaje. Por ello no se percibe claramente la inmediatez del momento y del lugar.




En vez de ello nos encontramos con un paisaje ordenado de acuerdo al propósito del artista. En ese sentido, la pintura holandesa de paisajes del siglo XVII se muestra muy distinta a lo que sería en el siglo XIX el arte de los impresionistas, que gustaban de captar el momento en el lugar y por eso pintaban al aire libre, mientras observaban el paisaje que tenían ante sus ojos y lo representaban como si fuera una instantánea.



En 1661, en plena madurez, volvió a viajar a Alemania junto a su discípulo Meindert Hobbema, que sería años más tarde un destacado pintor, regresando posteriormente otra vez a Ámsterdam. Durante esa etapa su pintura se volvió más libre, es decir, menos rígida que en los modelos anteriores, decantándose por composiciones más abiertas. También en esta etapa dejó de pintar exclusivamente paisajes naturales, incluyendo en su repertorio algunos elementos urbanos. Algunos consideran a van Ruysdael como el precursor del paisaje romántico del siglo XIX. Falleció en Ámsterdam en 1682.






Bibliografía : https://educacion.ufm.edu/

viernes, 11 de marzo de 2022

Joaquim Mir (1873-1940)

Joaquim Mir (1873-1940) en el año 1904 en su estudio en Mallorca pintando "La Cueva verde" fotografiado por Francisco Sierra.

Joaquim Mir debe ser tenido en cuenta como uno de los máximos exponentes del postimpresionismo español. El uso del color cercano al fauvismo de algunas de sus etapas y su indagación en el género del paisaje son sus aportaciones más significativas a la renovación de la pintura del siglo XX.




Nació en 1873 en una Barcelona donde surgiría una estupenda generación de artistas, hijos de la burguesía triunfante en la ciudad. Su aprendizaje artístico se desarrolló entre academias privadas y la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, la Lonja, en donde ingresó en 1893.



«Sólo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma». En 1928, Mir  resumía así el que fue su manifiesto como artista. El color y la luz lo significaron todo para el pintor barcelonés, cuya trayectoria personal y pictórica fue extraordinaria. Con un poder para la invención como pocos en la historia de la pintura, Mir construyó un lenguaje personal que le llevó a crear una obra sorprendentemente moderna, más allá de los movimientos artísticos con los que se le ha querido asociar tradicionalmente, como el impresionismo o el simbolismo.



Su evolución artística estuvo ligada a su trayectoria vital y a los lugares donde vivió (Barcelona, Mallorca, el Camp de Tarragona, el Vallès y Vilanova i la Geltrú) y, aunque se movió entre el realismo y la abstracción, encontramos dos constantes en su producción pictórica: el establecimiento de una nueva visión de la naturaleza y la búsqueda de la belleza con un afán firme pero también doloroso.





El artista realizó sus mejores obras durante su trágica crisis mental  Mir es un gran hito del arte catalán, pero su genialidad está trágicamente ligada a la locura en el periodo comprendido entre 1902 y 1910, coincidiendo con sus estancias en Mallorca y Tarragona. Antes de su enfermedad, fue un pintor de garra, bien orientado y correcto, y luego, superada su crisis mental, fue un artista lleno de jovialidad y simpatía, pero con una producción cada vez más convencional, un hecho que coincidiría con la ascendente aceptación de su pintura por parte de público y coleccionistas hasta llegar a ser, en la década de 1930, el artista catalán vivo más cotizado.






El artista desplegó toda una combinación de colores imposibles fruto de su interpretación personal de la naturaleza majestuosa. Las pinceladas se alargaron y se convirtieron en manchas que casi hacían desparecer los objetos y los referentes espaciales. Toda su vida la puso al servicio de la pintura y de la naturaleza que le rodeaba, con una pasión tan desbordante que le llevaba a arriesgarla por una tener una mejor vista desde un precipicio o a no descansar suficiente por pasarse el día pintando.



"pinto en un sitio por el que sólo paso yo y alguna bestia inconsciente. El paso, en el que sólo caben, justo, los pies, es un terraplén de rocas resbaladizas que van a parar directamente al mar. Si me fallasen los pies y resbalara no creo que volviera a hablarse de mí en el mundo de los vivos. Pero cuando se está allí, Santiago Rusiñol, ¡Qué espectáculo! A la derecha, la cala de san Vicente, a la puesta de sol roja, del color del fuego. El mar, azul cobalto, refleja aquellas rocas encendidas y queda también rojo como la sangre. A la izquierda los contrafuertes del Castillo del Rey, a contraluz, grises a la sombra. En aquel lado, el agua toma tonos de plata. Añade los morados de las algas del fondo y el de las higueras silvestres que penden hasta tocar el agua y ¡Qué cosa, Santiago! ¡Qué locura de colores!¡Están todos! Todos los de la paleta..."






Bibliografía : https://prensa.fundacionlacaixa.org
                     https://algargosarte.blogspot.com
                     https://elpais.com
                     http://algargosarte.blogspot.com

jueves, 10 de marzo de 2022

Carl Larsson (1853-1919)

 

Autorretrato de Carl Larsson (1853-1919), del año 1912 y con unas dimensiones de 75 x h54.3 cm. Actualmente se encuentra en el Museo de Arte de Malmö_ Suecia.


Pintor y diseñador de interiores sueco. Considerado una celebridad en su país natal, destacaba en la pintura acuarelista y el diseño. Su infancia fue un continuo ir y venir rodeado de miseria: sus padres carecían de ingresos económicos y apenas podían mantener a Carl y a su único hermano, Johan. De hecho, Carl tuvo que acudir a una escuela para pobres, la posterior escuela primaria de Ladugårdsland. El cólera, la enfermedad, la vida en los barrios bajos y la suciedad eran constantes en el entorno del joven Larsson.



Por suerte, en 1866 tuvo la oportunidad de ir a la Academia de Arte de Estocolmo; en este curso preparatorio obtuvo hasta 12 medallas por su calidad como dibujante, pudiendo así optar a un curso de dibujo antiguo. En 1871, simultaneando sus estudios en la Academia, trabaja en el estudio fotográfico de los hermanos Roesler, y como dibujante en la revista humorística Kasper.


Su estilo el realismo de Barbizon, de la tarjeta postal y del Modernismo a partes iguales, cautivó a la época por la ternura que evocan sus numerosísimas ilustraciones donde representaba a su esposa y a los siete hijos que tuvo con ella: Suzanne, Ulf, Pontus, Lisbeth, Brita, Mats –que falleció con dos meses de edad, en 1895​– Kersti y Esbjörn, nacido en 1900. Estos niños llegaron a ser tan populares que casi fueron tomados como personajes con identidad propia del arte de entonces.



Su principal objetivo como artista era representar el "lado amable de la vida", después de toda una época de penurias: escenas cotidianas, cargadas de ternura y calidez, de su esposa con sus hijos, los niños jugando, los veranos en la playa, interiores del hogar, etc. El personal estilo de decoración de Karin y de Larsson dio como fruto una manera completamente moderna de acondicionar y estructurar una casa, de forma que fueron considerados verdaderos "diseñadores" de interiores, adelantados a su tiempo: colores cálidos, interiores plenos de luz, vajillas sencillas y demás detalles contrastaban con el estilo oscuro, recargado y victoriano de otros hogares de la misma época.





martes, 8 de marzo de 2022

La pintora francesa Marie-Guillemine Benoist, (1768–1826), de estilo neoclásico, aprendió de la mano de los grandes artistas de su tiempo y llegó a ser pintora de personalidades como Napoleón. su formación con Élisabeth Vigée Le Brun en 1781, pasando al taller de Jacques-Louis David en 1786, junto con su hermana Marie-Élisabeth Laville-Leroux.


Nació en el seno de una familia acomodada de la Francia pre-revolucionaria. Su padre, René Delaville-Leroulx, fue durante un tiempo, funcionario real. Desde pequeña, Marie-Guillemine demostró un destacado talento para la pintura, algo que su padre quiso potenciar.




En 1800, presentó en el Salón parisino una obra poco convencional. En retrato de una mujer desnuda, Marie-Guillermine inmortalizó a una antigua esclava, A pesar de que la Francia colonial había abolido la esclavitud seis años antes, la condición social de los negros no había mejorado sustancialmente. La de las mujeres tampoco Es muy probable que la pintora realizara esta obra con la intención de reivindicar la dignidad de todas ellas.




Marie-Guillermine siguió pintando retratos de personas ilustres como Teresa Cabarrús. Con el cambio de siglo, terminada la revolución, un Napoleón convertido en Primer Cónsul, le pidió que lo retratara a él y, posteriormente a sus sucesivas esposas.



Marie-Guillermine disfrutaba de su éxito como pintora de grandes personalidades. Además de recibir una medalla de oro del Salón y una pensión oficial, abrió su propio taller de pintura. Un éxito y una carrera prometedora que se truncó cuando su marido fue elevado a miembro del Consejo de Estado tras la Restauración Borbónica de 1814. Que un alto cargo del estado tuviera una esposa tan famosa, que pudiera hacer sombra a su marido era inconcebible. Marie-Guillermine fue invitada sutilmente a abandonar su carrera. Desde entonces y hasta el final de sus días, apenas pintó un puñado de cuadros. el 8 de octubre de 1826.