viernes, 8 de abril de 2022

Ernst Kirchner antes de la guerra, en 1913.

Ernst Kirchner antes de la guerra, en el año 1913 en su estudio berlinés, una antigua carnicería. Se pintaba en sesiones rápidas de un cuarto de hora para fomentar la espontaneidad, utilizando modelos no profesionales. En 1911 se trasladó a Berlín y fundó una escuela de arte, en colaboración con Max Pechstein, que no tuvo éxito y que cerró al año siguiente, momento en el que empezó su relación de por vida con Erna Schilling.



Una de las obras más emblemáticas del expresionista alemán Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938), es Strassenszene, del año 1913. El lienzo representa una escena urbana de Berlín, tema tratado en diversas ocasiones por Kirchner, y está relacionado con el monumental Die Strasse (La Calle), del mismo artista, que se conserva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.



Los años berlineses dan paso a un lenguaje rotundamente expresionista: las formas se hacen más angulosas, los colores son más estridentes y las perspectivas muestran contrapicados más radicales. El ambiente de las calles de la gran ciudad se convierte en su principal fuente de inspiración.

En esta etapa, Kirchner muestra una gran riqueza en sus técnicas: emplea el grabado con gran maestría, y encuentra en el dibujo un dinamizador y un campo de experimentación importante para todo su trabajo. En este sentido, guardará celosamente sus dibujos toda su vida. Además, impulsa de forma evidente la escultura, trabajada en etapas anteriores, pero que ahora se convierte en el principal complemento de sus manifestaciones artísticas.

Al inicio de la Primera Guerra Mundial, Kirchner se ofreció como voluntario, pero tras un colapso mental regresó a Berlín y continuó pintando, hasta que fue ingresado en el sanatorio del Dr. Kohnstamm en diciembre de 1915, donde fue diagnosticado con una fuerte dependencia de veronal y alcoholismo. Periódicamente regresaba durante unas semanas para continuar trabajando en su estudio. Produjo y vendió muchos dibujos y óleos, pero sufrió otra crisis nerviosa más fuerte y tuvo que ser internado en el sanatorio del Dr. Edel en el mismo Berlín.
 





Bibliografía : https://mytaleiteach.com
                     https://elpais.com
                     http://www.danzaballetblog.com

jueves, 7 de abril de 2022

Los trampantojos de Romangordo, donde nada es lo que parece

Las calles de Romangordo, en Cáceres _ España, se han convertido en un museo al aire libre. Hasta cien murales, puertas y frases cuentan la historia de un pueblo que mantiene viva su identidad a través de la pintura.



'Trampantojo'o 'Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es'. Así define la Real Academia Española lo que vamos a encontrar a nuestro paso por las calles de Romangordo, una pequeña localidad cacereña de poco más de 260 habitantes que se ha convertido en todo un referente turístico.

Todo empezó en un rincón algo feo donde terminaban varias viviendas, un espacio que necesitaba ser adecentado y la oportunidad de crear un mural en el que se representaran escenas cotidianas del pueblo de 40 y 50 años atrás. Así nació 'El rincón del burro', la primera de muchas pinturas que comenzarían a decorar las calles de Romangordo.


La iniciativa que puso en marcha el Ayuntamiento a finales de 2016 ha hecho que nada parezca lo que es, o más bien, que todo parezca lo que un día fue. Las paredes y las puertas de sus vecinos se han convertido en un lienzo donde artistas extremeños han plasmado las costumbres, los oficios y la cultura de sus antepasados para que sigan tan vivas como entonces. Y así, de paso, mostrar a los visitantes las raíces más auténticas de este municipio de las entrañas de Cáceres.


Poco a poco, se decidió hacer nuevas pinturas en las que se fueran representando el pasado del pueblo. Así los de allí lo recordarían, serviría de homenaje a sus antepasados, y los de fuera conocerían su historia con solo darse un paseo por el pueblo.



Los artistas Jonathan Sojo y Jesús Brea fueron los encargados de comenzar a plasmar la vida de Romangordo en sus paredes y ellos mismos, entre otras muchas colaboraciones, son los principales responsables de este arte documental que cuenta con la inestimable ayuda de los mayores del lugar.


Puerta a puerta, pintaron la vida y la historia del pueblo. No hay más que darse un paseo por sus calles para descubrir oficios y tradiciones que un día marcaron el día a día del pueblo.

La imágenes que marcan la identidad de un pueblo no faltan tampoco escenas del propio pueblo, como por ejemplo, se dibujan calles donde no las hay para que los niños jueguen con canicas. 


Dar un paseo por Romangordo es adentrarse en su pasado pero sin perder de vista tampoco al presente. También los pintores del pueblo tienen un reconocimiento en sus propias calles. Álvaro Quintana, romangordeño que estudió bellas artes en Madrid, es el autor junto a amigos de la universidad de un conjunto de seis obras que recuerdan a los artistas que vio nacer Romangordo.





Bibliografía: https://www.eldiario.es





martes, 5 de abril de 2022

"Los progresos del amor", obra de Jean-Honoré Fragonard (1732 -1806)

"Los progresos del amor", obra de Jean-Honoré Fragonard (1732 -1806), fue realizada entre los años 1771 a 1773 y con unas dimensiones de 125 x 96 cm. Actualmente se encuentra en The Frick Collection en Nueva York _ Estados Unidos.



Fragonard nació en Grasse (en la región de los Alpes Marítimos), hijo de un sastre especializado en la realización de guantes. Cuando él tenía seis años la familia se mudó a París. Debido a unas inversiones fallidas la familia entró en penurias económicas, y su padre decidió enviarle como escribano al despacho de un notario; pero pronto se desveló su inclinación por el arte.



El joven Jean-Honoré fue llevado ante François Boucher, quien reconoció sus dotes pero no quiso gastar su tiempo en darle una primera formación. Boucher le envió al taller de Chardin. estudió durante seis meses bajo la tutela del gran luminista, progresó notablemente y volvió al taller de Boucher, quien entonces sí intuyó su valía. Allí supo adquirir el estilo de su maestro de tal forma que este le confió la realización de réplicas de sus pinturas.



Bajo la influencia de Watteau, Fragonard renovó la tradición de las «fiestas galantes», y tomó como pretexto temas como el juego o el galanteo para organizar divertidas coreografías que transcurren en parques y jardines. En 1771, fue encargado por madame Du Barry, última amante oficial de Louis XV, de realizar un ciclo de pinturas para su pabellón de Louveciennes.


Pintó cuatro escenas sobre el tema del «Amor despertado en el corazón de una joven», representadas sobre un fondo de árboles. El tema es el amor y los subterfugios que utilizan los amantes para alcanzar sus fines. Pero a pesar de ser un tema que correspondía muy bien al carácter de la comitente, la Du Barry rechazó las cuatro cuadros y llamó a otro artista. Tal vez las creaciones de Fragonard eran demasiado directas y hacían demasiado hincapié en los instintos? O bien porqué fueron ejecutadas en un estilo rococó que ya estaba pasado de moda.


Los lienzos evocan «cuatro instantes del amor»: La sorpresa o El encuentro, El amor-amistad, El cortejo y El amante complacido. Finalmente fue Joseph Marie Vien, un pintor que pertenecía a la nueva tendencia de inspiración clásica, quien realizó la decoración para madame Du Barry.



Hedonismo y voluptuosidad. Con esas dos palabras se puede resumir la obra de Fragonard. Pero con la Revolución francesa el artista ya no era bien visto y el éxito de este artista terminó en cuanto la Revolución Francesa comenzó, debido a que sus mejores clientes resultaron afectados con la misma y su estilo entró en desuso, ya que en aquel momento lo importante, al menos en el ámbito del arte, era lo relacionado a la historia y los grandes formatos. En 1793 Fragonard dejó París para regresar a principios del Siglo XIX, pero terminó en la miseria absoluta y así es como murió.



Bibliografía : https://www.aparences.net

                     https://fahrenheitmagazine.com










viernes, 1 de abril de 2022

La pistola que no mató a Andy Warhol, pero acabó con su vida

El 3 de junio de 1968, Valerie Solanas entró en el estudio de Andy Warhol (1928-1987), The Factory, con una pistola y un plan para vengarse. Lo que sucedió a continuación vino a definir su vida y legado: disparó contra Warhol y casi lo mató. Pero el incidente violento, que la redujo a un titular de un periódico sensacionalista, no fue su contribución más significativa a la historia.

Artista plástico y director de cine estadounidense que desempeñó un papel crucial en el nacimiento y desarrollo del pop art.

Fue el tercer hijo de un matrimonio eslovaco que emigró a Estados Unidos. Sus padres eran Andrej y Julia Warhola, originarios de Miková, una ciudad muy pequeña por aquel entonces perteneciente al Imperio austrohúngaro y hoy al distrito de Stropkov, República Eslovaca..



Warhol siempre se apoyó en sus asistentes para sus pinturas, y lo mismo puede decirse de sus producciones cinematográficas. Fundó la revista de sociedad Interview, que se convirtió en una buena lanzadera para artistas a las que patrocinaba y en un buen negocio para sus amigos colaboradores.

Del mismo modo, su obra literaria es resultado de su colaboración con Pat Haccket. Apadrinó al explosivo Jean-Michel Basquiat cuando este apenas era conocido, y convirtió a The Velvet Underground en una banda conocida internacionalmente. Fue, en realidad, un inquieto y activo «productor de personajes artísticos», como sus conocidas «superestrellas» —de dispar suerte— y un infalible detector de talento.



Valerie Jean Solansas sí lo intentó con un revolver. Solanas y Warhol se conocieron dos años antes del atentado. Ella aparece en una de las películas de Warhol, I'm a man (1968). Aquel 3 de junio de 1968, subió con su víctima en el ascensor y sacó el arma en las instalaciones del estudio del artista, la famosa Factory. Se supone que estaba cabreada porque no quería producirle una obra de teatro que la joven de 28 años había escrito. Además, Warhol dijo haber perdido el guión que le prestó para que leyera la obra y se lo pensara.


La pistola que atentó contra Andy Warhol treinta años después de su muerte. La pintó en 1981, siete años antes de morir y trece después del atentado. Es un lienzo de dos metros de alto serigrafiado, con acrílico. Es un calibre 22, con la punta chata. Una pistola gigante, tan grande como un ídolo. Tan inofensiva como un caramelo. Porque el arte Pop no desafía, impacta. 



Warhol hablaba por teléfono y, al colgar, Solanas le disparó dos veces. Pero el tercer disparo atravesó su cuerpo, protegido tras un escritorio. Disparó al padre del Pop, pero después tiró contra el crítico de arte Mario Amaya y lo hirió en la cadera. También trató de acabar a quemarropa con la vida del gerente de Warhol, Fred Hughes, pero el arma se encasquilló.



Valerie reconoció el atentado, dijo que Warhol planeaba robar su trabajo, la condenaron a tres años de prisión por intento de homicidio, asalto y tenencia ilícita de armas y fue diagnosticada como esquizofrénica. El final de sus días fueron miserables. Warhol no declaró en su contra. Cuando salió de la cárcel mandó cartas amenazadoras a varias personas. Entre ellas, Warhol.

Tuvo que usar un corsé quirúrgico de por vida y reconoció, en una entrevista con The New York Times, que desde que le dispararon “todo es una pesadilla para mí”. “No sé de qué va nada. Como si ni siquiera supiera si estoy realmente vivo o muerto”. Evitó la muerte, pero aquella pistola acabó con su vida.







Bibliografía : https://www.elespanol.com