El 3 de mayo en Madrid o "Los fusilamientos" obra del pintor aragonés Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828) terminado en 1814 y con unas dimensiones de 268 x 347 cm. Actualmente se encuentra en la sala 064 del Museo del Prado Madrid _ España.
La composición es un ejemplo definitivo de lo que se llamó composición orgánica, propia del romanticismo, en la que las líneas de fuerza vienen dadas por el movimiento de las figuras y por las necesidades del motivo, y no por una figura geométrica impuesta a priori por la preceptiva. En este caso el movimiento lleva de la izquierda a la derecha, hay personas y caballos cortados por los límites del cuadro, como si fuera una instantánea fotográfica.
Entre 1808 y 1814, España vivió uno de los periodos más traumáticos de su historia: la invasión napoleónica y la Guerra de la Independencia. Goya, que tenía entre 62 y 68 años, permaneció en Madrid durante casi todo el conflicto, aislado, enfermo y profundamente marcado por la violencia que presenció. Aunque siguió vinculado a la corte (primero bajo José Bonaparte y después con la restauración de Fernando VII), su visión del mundo cambió radicalmente: desapareció el optimismo ilustrado y surgió una mirada amarga, crítica y desengañada sobre el ser humano.
Durante estos años realizó dibujos y grabados como Los desastres de la guerra, donde mostró sin heroísmo ni propaganda el horror, el hambre y la crueldad sufridos por la población civil. En 1814, tras la derrota de los franceses, el nuevo gobierno le encargó pintar El 2 de mayo de 1808 y El 3 de mayo de 1808, obras en las que Goya rompió con la pintura histórica tradicional al dar protagonismo al pueblo anónimo y mostrar la represión de forma directa, emocional y brutal. Estos años consolidaron su etapa más moderna y oscura, anticipando el arte contemporáneo y reflejando a un artista que ya no confiaba ni en el poder, ni en la guerra, ni en la razón humana.
La oscura pintura muestra imágenes fuertes y crea el arquetipo del horror en la pintura española, que Goya aprovechó en esa época para sus aguafuertes titulados Los desastres de la guerra.
El 3 de mayo de 1808 ha inspirado numerosos cuadros, como El fusilamiento de Maximiliano, de Édouard Manet, así como otras obras de éste relativas a la acción bélica. Guernica y Masacre en Corea son las dos obras de Pablo Picasso en que se aprecia la influencia de Los fusilamientos.
Habitualmente, en El tres de mayo de 1808 en Madrid se ha señalado el contraste entre el grupo de detenidos prontos a ser ejecutados, personalizados e iluminados por el gran farol, con un protagonista destacado que alza en cruz los brazos y viste de radiante blanco y amarillo, e iconográficamente remite a Cristo (se aprecian estigmas en sus manos); y el pelotón de fusilamiento anónimo, convertido en una deshumanizada máquina de guerra ejecutora donde los individuos no existen.
La noche, el dramatismo sin ambages, la realidad de la masacre, están situados también en una escala grandiosa. Además el muerto en escorzo en primer término, que repite los brazos en cruz del protagonista, dibuja una línea compositiva que comunica hacia el exterior del cuadro con el espectador, que de nuevo se siente implicado en la escena. La noche cerrada, herencia de la estética de «lo sublime terrible», da el tono lúgubre al suceso, en el que no hay héroes, solo víctimas: unos de la represión y otros de la formación soldadesca. La elección de la noche es un factor claramente simbólico, ya que se relaciona con la muerte, hecho acentuado con la apariencia cristológica del personaje con los brazos en alto.
En la composición se distinguen claramente dos grupos enfrentados. A la derecha aparecen los soldados franceses, alineados y de espaldas al espectador, sin rostros visibles, lo que los convierte en una fuerza anónima y deshumanizada. A la izquierda se sitúan los condenados, iluminados por un farol, mostrando expresiones individuales de terror, desesperación y resignación ante la muerte.
El uso del color y de la luz refuerza el dramatismo de la escena. El fondo oscuro y el paisaje apenas definido aumentan la sensación de angustia y aislamiento, mientras que el contraste entre la luz del farol y la noche subraya el momento exacto de la ejecución. La sangre en el suelo y los cadáveres ya abatidos acentúan el carácter violento y realista de la obra. Goya no idealiza la muerte ni embellece el sufrimiento, sino que lo presenta de forma directa para provocar una reacción emocional en el espectador.
Como anécdota, esta obra resultó incómoda durante mucho tiempo debido a su fuerte carga política y a su visión tan crítica de la guerra, por lo que no siempre fue exhibida con regularidad. Además, rompe con la tradición de la pintura histórica al no glorificar a los vencedores ni presentar un mensaje patriótico convencional. Por este motivo, Los fusilamientos del tres de mayo es considerada una obra adelantada a su tiempo y un precedente del arte moderno, influyendo en artistas posteriores por su intensidad emocional y su denuncia de la violencia y la barbarie humanas.
Bibliografía :
Francisco de Goya, Madrid, Arlanza, 2005.
HAGEN, Rose-Marie y Rainer Hagen, Francisco de Goya, Colonia, Taschen, 2003. RAPELLI, Paola, Goya, Madrid, Electa, 1997 (serie «ArtBook»).
TRIADÓ TUR, Juan Ramón, Goya, Barcelona.
El Poder del Arte




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