viernes, 19 de diciembre de 2025

René Magritte y su esposa Georgette con varios perros de raza pomerania.



René Magritte y su esposa Georgette compartieron su vida cotidiana con varios perros de raza pomerania, a los que dieron una importancia especial dentro de su entorno doméstico. Estos animales no fueron solo compañeros afectivos, sino una presencia constante en fotografías y, en algunos casos, en la obra pictórica del artista. A lo largo de los años, el matrimonio tuvo más de un perro y solía reutilizar los mismos nombres, especialmente Loulou y Jackie, lo que ha generado confusión al intentar identificar a cada animal en las imágenes conservadas.

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en Bruselas en torno a 1944, está documentada la convivencia de al menos dos pomeranos: uno blanco, conocido como Loulou, y otro oscuro o negro, llamado Jackie. Ambos aparecen en fotografías domésticas de la época, algunas de ellas con la presencia de Georgette, lo que refuerza la idea de una vida íntima y familiar en contraste con el clima difícil del momento histórico. Estas imágenes muestran a Magritte en un entorno sencillo, alejado de la pose pública del pintor surrealista.


René Magritte (1898–1967) fue uno de los principales representantes del surrealismo, conocido por una obra que cuestiona la relación entre las imágenes, las palabras y la realidad. Formado en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, desarrolló un estilo figurativo de apariencia sencilla y casi realista, pero cargado de paradojas visuales y conceptuales: objetos cotidianos colocados en contextos inesperados, juegos entre lo visible y lo oculto, y una constante reflexión sobre el engaño de la percepción. A diferencia de otros surrealistas más oníricos o gestuales, Magritte trabajó con una pintura clara, precisa y fría, utilizando bombines, nubes, manzanas, cortinas y figuras anónimas como símbolos recurrentes. Su obra no busca provocar por el sueño, sino hacer pensar, convirtiéndolo en uno de los artistas más influyentes del arte del siglo XX.


Fue en 1943, en el apogeo de la Segunda Guerra Mundial y en las horas más oscuras de la Bélgica ocupada, que Magritte se decidió por el estilo impresionista. Después de leer un libro sobre el movimiento, se enamoró de los tonos cálidos de Renoir, reinterpretando algunas de sus pinturas como Les grandes baigneuses o Le Berger. Este período le permitió evitar la penumbra de la vida cotidiana durante la Ocupación y abordar temas más serios mientras continuaba su investigación pictórica.


Jackie está claramente identificado en la pintura Le Civilisateur (1944), donde Magritte retrata a su perro con una solemnidad casi humana, elevando al animal a la categoría de sujeto digno de representación artística. Loulou, por su parte, aparece con mayor frecuencia en fotografías, sobre todo como un perro blanco y vivaz, símbolo de compañía y afecto constante. No existe evidencia de que fueran el mismo perro con distintos nombres; por el contrario, todo indica que eran perros distintos, y que durante un tiempo pudieron convivir en el mismo hogar.



El apego de Georgette y Rene Magritte, una pareja sin hijos, por su mascota Jackie, al igual que por todos aquellos animales que acompañaron al matrimonio desde 1922, era bien conocido por el público. Le Civilisateur es un retrato de Jackie, el tercer Lulú de Pomerania adoptado por la pareja, que se presentará el 12 de diciembre en Wannenes con un precio estimado entre 800.000 y 1’2 millones de euros. Al igual que los otros elementos que se encuentran en la composición, el perro no es ajeno al vocabulario plástico del pintor, y aparece repetidamente a través de su trabajo. Mucho más que una pintura de circunstancias, Le Civilisateur tiene este pequeño toque "impresionista" que Magritte insertó en su práctica durante su "période solaire", o como él mismo lo definió, su "período Renoir".

Como anécdota, se sabe que cuando en diciembre de 1965, Rene Magritte hizo su primer y único viaje a Estados Unidos con motivo de su retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, le preocupaba si su compañero sería admitió en el avión y si los hoteles estadounidenses tolerarían a los perros.



El tema de los animales humanizados se mostró sucesivamente en la obra de Magritte en 1944 como el caballo de Le météore, el cerdo de La bonne fortune o el búho de Le somnambule. En una carta de junio de 1944 acompañada de un boceto, Magritte le confía a su amigo el escritor y fotógrafo surrealista belga Marcel Mariën: "Es curioso, creo, ver la figura humana reemplazada por animales, que parece ilustrar mejor la vida. (La vida real, diferente de aquella que construyen los hombres de Estado)".

Magritte hizo una segunda versión de la obra solo dos meses después, en agosto de 1944, en la que se muestra a su perro de perfil frente a un paisaje brillante. Esta segunda interpretación del Civilisateur ocurre cuando Magritte abandona el formato rectangular de sus pinturas, demasiado común y adopta el formato de viñeta.





En conjunto, la presencia de Loulou y Jackie revela una faceta íntima de Magritte: la de un hombre profundamente ligado a su vida doméstica, a su esposa y a sus animales. Estas imágenes y referencias no solo documentan la historia personal del artista, sino que aportan una dimensión más humana y tierna a su figura, recordándonos que, detrás del surrealismo y del misterio de su obra, existía una vida cotidiana marcada por el afecto, la rutina y la lealtad silenciosa de sus perros.










Bibliografía : El poder del Arte
                     ttps://www.barnebys.es/blog/una-obra-de-rene-magritte-llega-a-subasta



 



miércoles, 17 de diciembre de 2025

"Elizabeth Throckmorton, Canoness of the Order of the Dames Augustines Anglaises", realizada en 1729 por el pintor francés Nicolas de Largillierre (1656-1746)

  
"Elizabeth Throckmorton, Canoness of the Order of the Dames Augustines Anglaises", realizada en 1729 por el pintor francés Nicolas de Largillierre (1656-1746) y con unas dimensiones de 115,6 x 89,5 cm. Actualmente se conserva en Museo Nacional de Arte Washington DC _ Estados Unidos.

Es un magnífico ejemplo del retrato religioso y aristocrático del barroco tardío francés. La obra muestra a Elizabeth Throckmorton, miembro de una importante familia católica inglesa, representada con gran sobriedad y dignidad como canonisa de la orden de las Agustinas inglesas. Largillierre consigue un equilibrio perfecto entre retrato individual y representación espiritual, alejándose del exceso decorativo para centrarse en la presencia serena de la figura.


Nicolas de Largillierre es considerado uno de los grandes retratistas del barroco tardío en Francia, conocido sobre todo por sus retratos elegantes y detallados, en los que combinaba realismo con una rica paleta de colores y un sentido refinado de la textura y los tejidos. Fue muy valorado en su época por la corte francesa y por coleccionistas privados, y su obra muestra influencia del arte flamenco y del barroco tardío, con especial habilidad para captar la personalidad de sus retratados y la calidad táctil de los materiales (como sedas, encajes y pieles).





La composición es sencilla y eficaz: la religiosa aparece de medio cuerpo, ligeramente girada, sosteniendo un libro de devoción, símbolo de vida contemplativa y disciplina espiritual. El fondo oscuro y neutro elimina cualquier distracción, permitiendo que la atención se concentre en el rostro y en el hábito. La luz, suave y controlada, modela delicadamente las facciones y realza los volúmenes del vestido, aportando profundidad sin dramatismo excesivo.



Uno de los aspectos más notables de esta obra es la sensibilidad psicológica con la que Largillierre retrata a la canonisa. Su expresión es calmada, introspectiva, casi silenciosa, transmitiendo recogimiento interior y autoridad moral. No se trata de un retrato idealizado, sino profundamente humano, donde el pintor revela su extraordinaria capacidad para captar el carácter del modelo incluso en un contexto religioso austero.



Desde el punto de vista técnico, la pintura demuestra el dominio absoluto de Largillierre sobre el color y las texturas. El contraste entre el hábito claro y el fondo oscuro crea un efecto de claridad y pureza, mientras que los pliegues del tejido están tratados con una precisión casi táctil, sello distintivo del artista. Aunque es una obra tardía, conserva toda la elegancia y seguridad de uno de los grandes retratistas de su tiempo.

Actualmente, esta obra se conserva en la National Gallery of Art de Washington, donde es valorada tanto por su calidad pictórica como por su interés histórico. El retrato no solo inmortaliza a una figura concreta, sino que también refleja el mundo de las comunidades religiosas inglesas en el exilio y el refinamiento del retrato europeo del siglo XVIII, convirtiéndose en una pieza de gran riqueza artística y cultural.






Bibliografía : El Poder del Arte