viernes, 3 de mayo de 2024

El centro de arte de Ca n'Oliver en Mahon `, Islas Baleares _ España.

El centro de arte de Ca n'Oliver fue levantada por Llorenç Oliver a finales del siglo, en el año 1802, de estilo neoclásico y un suntuoso caserón en la esquina de las calles Infanta y Anuncivay en Mahon, Islas Baleares _ España. Siguiendo el patrón de las mansiones de los ricos comerciantes que amasaron su fortuna, en parte por la posición estratégica de la Isla, que se disputaban las principales potencias navales.






El edificio, de nueva planta y de concepción unitaria, consta de planta baja, dos pisos y buhardillas o porches, mientras un sótano ocupa parte del subsuelo. Hay que destacar las fachadas divididas en diferentes cuerpos por pilastras adosadas de orden gigante.



La entrada de la residencia de Ca n'Oliver consigue una dimensión imponente con el protagonismo de la escalera imperial y del conjunto pictórico situado en el primer rellano. La pintura al fresco de un paisaje siciliana. La escalera imperial consta de un trazado con un primer tramo central, descansillos y dos tramos laterales en dirección contraria que se complementan con una barandilla elegante.



Uno de los elementos más interesantes de Ca n'Oliver es la serie de pinturas sobre tela y clavadas en el techo de las habitaciones de la planta noble y en otra de la planta baja, dedicada a oficina. La decoración va a cargo del pintor siciliano Giuseppe Patania y del decorador Stefano Cotardi, contratados en Palermo por Llorenç Oliver. Se empieza el trabajo el 10 de septiembre de 1804 y finaliza el 18 de octubre de 1805. Las pinturas se corresponden al gusto neoclásico y demuestran que los autores tienen un gran conocimiento de la mitología y simbología clásicas. Los temas son alegóricos, mitológicos e históricos (basados en episodios de la Roma republicana), muy del gusto del cambio de siglo XVIII al XIX.


En el techo de la caja de la escalera, se representan dos alegorías con alas que simbolizan la Fama y el Comercio; ambas están estrechamente relacionadas con la dedicación profesional y el nivel social del propietario de la casa.




En el centro de la escena, figura un medallón circular rodeado de ramas de laurel y de palma con un ancla en el centro, simbolo de la navegación marítima. El medallón se rodea de la inscripción "MOBILITATE VIGET VIRESQUE ACQUIRIT EUNDO", que significa "Florece con la movilidad y adquiere fuerzas andando", definición que Virgilio atribuye a la Fama.

El pintor utilizó la técnica de la grisalla, que, mediante el contraste de sombras y luces, conseguía aparentar un relieve esculpido en la pi
edra.



La escena principal del gran salón se dedica a la leyenda de Cayo Mucio Escévola, un patricio que intentó matar el rey etrusco Porsena. Sin embargo, una confusión lo llevó a asesinar el escribano del rey. Mucio fue capturado y condenado a morir quemado en las brasas. El patricio se dejó quemar la mano en el brasero ante el rey etrusco, que lo liberó por su de coraje.


En el plafón de la izquierda se representa la defensa del puente sobre el río Tíber por Horacio Cocles. El puente de madera fue destruido, y Horacio nadó hasta la orilla. En el plafón de la derecha se muestra la leyenda de Clelia, una de las diez jóvenes virgenes que se ofreció como rehén al rey etrusco. Clelia, no obstante, pudo huir.



En el techo de la antesala del salón, se representa una escena en la que se incluyen diferentes figuras de la mitología romana en un registro central de formato circular.

El dios Júpiter, padre de todos los dioses y de todos los hombres, se presenta con su esposa, la diosa Juno, reina de los dioses y protectora de las mujeres.

Ambos aparecen sobre un trono de nubes, donde Júpiter se sienta sobre un águila con sus alas desplegadas. En la escena, también se muestran dos soldados romanos que rinden sus armas a las divinidades para conseguir la victoria sobre sus enemigos. La escena se rodea de una cenefa que recorre el margen del techo, decorada con guirnaldas de flores y escenas de juegos infantiles.



El dormitorio principal tiene como tema una alegoría del Sueño. Éste es interpretado con alas, descansando y con un ramo de semillas de adormidera en la mano. A su alrededor, los sueños preparan zumo de adormidera, del que se sirve la Noche para dormir a los mortales, mientras Morfeo, su principal ministro, vigila para que nadie haga ruido.


En el comedor de la casa figura una representación alegórica de la Alegría, identificada como una mujer joven, que sostiene en la mano izquierda un jarrón de cristal con vino y en la derecha, un kílix de oro. La figura aparece flotando sobre un cielo azul, en el que revolotean unos pájaros. A su alrededor, unos amorcillos sostienen unas guirnaldas de flores y frutas; estas significan en sí mismas, la Alegría.


Una figuración de un séquito báquico ocupa la sala de paso hacia el comedor. Acompañamiento que se muestra lleno de vida y en el que sátiros y ménades tocan caramillos y siringas o hacen sonar los platillos. Todo el conjunto está rodeado por un friso con una decoración de antemas.



La ambiciosa concepción de la residencia familiar es demostrativa del nivel social alcanzado por el personaje. El volumen y tratamiento del espacio arquitectónico se completa con la ornamentación interior, encargada a los artistas italianos Giuseppe Patania y Stefano Cotardi, que decoran los techos con temas clásicos inspirados en la mitología romana. Los temas representados se corresponden con la utilización que el propietario da a las habitaciones decoradas.




El Centro de Arte Ca n’Oliver fue inaugurado en el mes de marzo de 2015. Acoge la Colección Hernández Sanz–Hernández Mora, con el objetivo de constituir el referente del patrimonio cultural para Maó, en particular, y para toda la isla de Menorca, por lo general.




Ca n’Oliver tiene la finalidad de ser responsable de dar a conocer el valor de las colecciones conservadas y de transmitir y concienciar sobre la importancia y el valor de la conservación, y es así como permite disfrutar del patrimonio histórico que transmite el edificio en sí y de las piezas que éste alberga.







Bibliografía : El Poder del Arte

miércoles, 1 de mayo de 2024

The Guitar Playe obra de pintor Edouard Manet (1832-1883)

La obra "The Guitar Player", también conocida como "La Guitarrista y el Loro", es obra del pintor Édouard Manet (1832-1883), realizada en el año 1866 y con unas dimensiones de 63,5 x 80 cm. Actualmente se encuentra en el museo Hill-Stead en Farmington_ Estados Unidos.



El guitarrista ejemplifica el controvertido enfoque "moderno" de Manet con su figura contemporánea pintada sobre un gran lienzo, un plano de imagen plano y bidimensional, un fuerte contraste de luz y oscuridad sobre un fondo neutro, y la ausencia de sentimientos idealizados que prevalecían en la jerarquía aceptada de pinturas históricas, religiosas y alegóricas en ese momento.




En este cuadro, como en varios otros, Manet otorgó a un sujeto cotidiano la dignidad y el tamaño de un retrato oficial, un concepto muy controvertido en su época. Un año después de pintar esta obra, y sabiendo que no sería invitado a exponer en la Exposición Universal oficial, Manet montó su propia exposición individual de 50 obras, que incluía esta pintura junto con otras obras anteriores, a menudo ridiculizadas, como "Olimpia" y "Le Déjeuner sur l'herbe" (ambas en el Museo de Orsay, París, Francia) y "Mademoiselle V con traje de espada" (The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, EE. UU.). Utilizó a la misma modelo, Victorine Meurent, en todas estas controvertidas composiciones, incluida "The Guitar Player".



Victorine Louise Meurent (1844-1927) fue una modelo y pintora francesa, conocida sobre todo por aparecer en varios cuadros de Édouard Manet. Posó también para Alfred Stevens y Edgar Degas, ambos amigos de Manet.



  
Meurent se ganaría la vida como modelo en el taller entre 1860 y 1863, a la vez que lo hacía como cantante y músico en varios cafés-concierto de ambiente intelectual de Paris. Aún siendo que Manet frecuentaba el taller de Thomas Couture, no fue allí donde conoció a Victorine, sino en el taller del artista belga Alfred Stevens, y fue precisamente allí donde pintaría la primera obra en la que apareció Meurent, “La cantante callejera” (1862).




Un año más tarde, Victorine posaría de nuevo para Manet, pero esta vez desnuda y a modo de cortesana, una obra que inmortalizaría al artista y por supuesto también a ella, me refiero a “Olympia” (1863). Ese mismo año volvería a recurrir a ella para posar de nuevo desnuda en “Almuerzo sobre la hierba”.



No obstante, Manet no se limito a representarla únicamente despojada de ropas, sino que existen otras muchas obras en las que también fue su modelo, entre algunas de ellas” Mujer con loro” (1866) o la última obra en que Manet la plasmó, “El ferrocarril” (1873), una escena contemporánea al aire libre ambientada en la famosa Gare Saint-Lazare de Paris, en la que de nuevo Victorine Meurent mira directamente al espectador.





Después de “El ferrocarril”, Victorine Meurent dio un giro a su vida y decidió no posar más para ningún artista, resuelta a dar rienda a su gran pasión, la pintura, su caso, muy parecido al de Suzanne Valadon, se vuelca completamente en sus estudios para ser una artista por derecho propio. Paralelamente, a principios de 1870 viajó a Estados Unidos por un tiempo, se sabe poco acerca de sus actividades allí, pero los historiadores están convencidos de que se desplazó a Estados Unidos para perfeccionar sus habilidades artísticas.



A partir de ese momento, la carrera de Victorine Meurent como artista había despegado y llegó a exponer hasta seis veces en el Salón de Paris, la última ocasión fue en 1904. Su trabajo fue reconocido y llegó a unirse a la Sociedad de Artistas Franceses.

Lamentablemente poco se sabe de sus obras y tan sólo ha llegado hasta nosotros una obra suya “Le jour des Rameaux”, que se encuentra actualmente en el Museo de Colombes (France).



Ningún pintor del grupo impresionista ha sido tan discutido como Manet. Para algunos fue el pintor más puro que haya habido jamás, completamente indiferente ante los objetos que pintaba salvo como excusas neutras para situar un contraste de líneas y sombras. Para otros, construyó simbólicos criptogramas en los que todo puede ser descifrado según una clave secreta pero inteligible. Para algunos, Manet fue el primer pintor genuinamente moderno que liberó al arte de sus miméticas tareas. Para otros, fue el último gran pintor de los viejos maestros, demasiado enraizado en una multitud de referencias histórico-artísticas.




Algunos todavía creen que fue un pintor de técnica deficiente, completamente incapaz de conseguir una coherencia espacial o compositiva. Otros piensan que fueron precisamente estos "defectos" los que constituyeron su deliberada contribución a las drásticas y enormemente fructíferas transformaciones que introdujo en la estructura pictórica.




Bibliografía : https://manifiestodearte.com

lunes, 29 de abril de 2024

El palacio de Liria, el 17 de noviembre de 1936


El palacio de Liria quedó casi completamente destruido el 17 de noviembre de 1936 debido al impacto de 18 bombas incendiarias lanzadas por aviones franquistas. Solo quedaron en pie las fachadas del edificio. Aunque la propaganda franquista culpó al bando republicano, el incendio fue imposible de controlar.



Afortunadamente, las pinturas y otras obras de arte de gran valor fueron trasladadas por orden del duque a lugares seguros como el Banco de España o la embajada británica. Además, la documentación más importante se protegió en cajas metálicas que pudieron ser recuperadas.





También se logró salvar numerosos muebles, tapices y armaduras gracias a los empleados de la casa, quienes los sacaron al exterior. Sin embargo, la enorme colección de libros y obras en papel, que incluía unos 6000 grabados y dibujos, no tuvo la misma suerte. Muchos se quemaron y otros resultaron dañados por la lluvia después de ser arrojados al jardín. Este episodio fue documentado por el poeta y ensayista Antonio Machado.


En otro contexto, Machado escribió sobre los museos como guardianes del pasado espiritual, lamentando los ataques de los fascistas que bombardeaban e incendiaban estos lugares. Destacó cómo el pueblo organizaba guardias para proteger sitios como el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional y el palacio del duque de Alba. Además, expresó su admiración por el amor demostrado por los milicianos al proteger el palacio del duque de Alba, contrastándolo con la furia destructiva de los fascistas.




Tras el bombardeo se acordó el traslado de las obras de arte a Valencia, como se estaba realizando con los depósitos del Museo del Prado, pero el Comité Provincial del PC se negó a entregarlas a la Junta Delegada de Madrid de Protección del Patrimonio Artístico y se encargó del traslado por su cuenta, organizando con ellas a su llegada a Valencia una exposición con fines de propaganda en el Colegio del Patriarca.






Este episodio un capítulo más de la epopeya vivida por el patrimonio artístico español durante la Guerra Civil, pero significativo y de gran repercusión por el número y calidad de las obras propiedad de la Casa de Alba aparece ampliamente descrito en La historia recuperada. Vicisitudes del Palacio de Liria durante la Guerra Civil española estudio realizado con motivo de la exposición Colección Casa de Alba 





Desde agosto del 36 se organizaron las visitas de grupos de milicianos dos veces por semana, y las charlas de prestigiosos conferenciantes, como Rafael Alberti o Teresa León, convirtieron al Palacio de Liria en uno de los centros culturales más activos del Madrid de la contienda. Sin embargo, toda esta actividad fue interrumpida cuando, contra todo pronóstico, el 17 de noviembre el palacio era devastado como acabo de mencionar.



El duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart, tardaría algunos años en reagrupar toda la colección, a través de diversas entregas entre el verano de 1939 y los meses finales de 1944. Él moriría tres años antes de que concluyeran las obras de construcción del renovado Palacio de Liria, inaugurado en junio de 1956.

El palacio de Liria sigue perteneciendo a la Casa de Alba y es residencia oficial de su jefe, como poseedor del título de duque de Liria y Jérica. Al igual que otras propiedades históricas de la familia, es gestionado por la Fundación Casa de Alba. En 1974 fue declarado Bien de Interés Cultural.






Bibliografía : https://www.elmundo.es/
                     https://www.palaciodeliria.com/historia


viernes, 26 de abril de 2024

Francesc Hernández Monjo (1862-1937)



El pintor mahonés Francesc Hernández Monjo (1862-1937) revitalizó la pintura menorquina e introdujo modernidad en el género de las marinas. La exposición "Francesc Hernández Monjo: Marinas", organizada por el Consell Insular, rinde homenaje a esta destacada figura del arte menorquín de finales del siglo XIX y principios del XX. La muestra, comisariada por el crítico de arte Carles Jiménez y con la colaboración del Ayuntamiento de Mahón destaca la influencia de su entorno familiar en su desarrollo artístico, desde su inicial interés por la música hasta su exitosa carrera como pintor en toda España.


Después de estudiar dibujo durante su juventud, amplió su formación seguramente con el pintor Joan Font i Vidal o los retratistas Francesc Pons y Alzina y Pere Monjo i Monjo, dado que los dos últimos tenían escuelas en Maó en los años 1857 y 1886 Además, dos pinturas suyas datadas en 1883 y 1885 recuerdan composiciones de Font y Vidal, a lo que seguramente debía conocer. Además, en esta época, su obra pictórica se caracteriza por dos elementos que serán los motivos centrales a lo largo de su trayectoria artística, como son el mar y los barcos, según subrayan Guillem Sintes Espasa, Cristina Andreu y M. Àngels Hernández en el segundo volumen de Historia del Arte de la Enciclopedia de Menorca.




En 1890, cuando tenía veintiocho años, Hernández Monjo se trasladó a vivir a Barcelona, ciudad en la que residió hasta su muerte en 1937, aunque solía hacer pequeñas estancias en la isla cada año. En la ciudad condal, el pintor mahonés fue influenciado por los movimientos naturalistas catalanes, siendo su maestro el pintor barcelonés Eliseu Meifrèn. Durante su primer año en Cataluña, Hernández Monjo participó en la Exposición de Bellas Artes de Madrid y, con el tiempo, su obra introdujo algunos elementos nuevos y más atrevidos, como la composición en diagonal, donde el mar agitado, los barcos con las velas desplegadas y los cielos con grandes contrastes son los motivos principales.






Su prestigio profesional estaba en ascenso y en 1898, a la edad de treinta y seis años, recibió el importante encargo de la casa Tasso de Barcelona para crear una colección de dieciséis acuarelas de barcos de guerra. Estas obras fueron publicadas en un álbum titulado "La Armada Española", lo que le otorgó una gran notoriedad en toda España e incluso en América Latina, como destaca el profesor e intelectual Joan Hernández Mora en la "Revista de Menorca" de 1922.




En esta primera etapa, cuando vivía en Mahon, Hernández Monjo practica una pintura marcadamente realista. Predomina el dibujo y una paleta de colores reducida donde dominan los colores fríos (blancos, verdes y azules). Su pincelada es plana y poco empastada y en la composición todavia se observa la influencia del Romanticismo, con un cielo que ocupa las dos terceras partes del cuadro. Son los años previos a su marcha a Barcelona. La temática gira en torno a las batallas navales y hechos históricos, como el cuadro inspirado en un grabado publicado en Harper's Weekly en 1861, aqui expuesto. La todavia importante influencia del comercio marítimo entre la sociedad mahonesa es evidente en el exvoto que se encuentra en esta sección y que formaba parte de una capilla domiciliaria. 




En 1890 se traladó a Barcelona como acabo de mencionar y aquel mismo año participó en la exposición de Bellas Artes de Madrid. Amplió su formación bajo la maestria de Eliseu Meifrèn que lo introdujo en el Naturalismo de las escuelas de Olot y Sitges. A partir de entonces introduce cambios nuevos y más atrevidos como son la composición en diagonal, el mar picado, los barcos con las velas extendidas y los cielos nublados. También introduce las gaviotas casi rozando el mar, intensificando así el dinamismo de la composición.




La pincelada se vuelve más densa, empastada y corta y en la paleta introduce colores cálidos (rojos, tierras y verdes). Es a partir de entonces cuando Hernández Monjo sobresale en su manera de pintar el mar, utilizando nuevos azules y verdes, ocres y negros. La profundidad del agua y su tonalidad son únicas, como también la vivacidad de la escena con la forma de pintar la espuma blanca. Son frecuentes los cuadros pequeños pintados por parejas, con buena salida comercial, y los más grandes se destinan a las exposiciones o responden a encargos.


La obra de Hernández Monjo es muy extensa y muchas de sus pinturas se conservan en museos y colecciones privadas de la isla, además de ser comercializadas en los principales mercados de arte de España y estar disponibles para la venta en línea.