viernes, 19 de noviembre de 2021

Pierre-Auguste Renoir en el año 1918

Pierre-Auguste Renoir y Andrée Heuschling en su estudio de "Les Colettes" en el año 1918, en una fotografía atribuida a Walther Halvorsen. Fotofrafía de Ville de Cagnes- sur-Mer Musée Renoir _ Francia.



Los desnudos realizados en los años ochenta con los contornos netos típicos del estilo aigre del artista ya en la década siguiente adquieren una nueva naturaleza; las líneas se hacen más mórbidas, la pincelada más fluida: "Miro un cuerpo desnudo y veo en él miríadas de esfumados; debo encontrar los que en el lienzo hagan viva y palpitante la carne".


En este periodo, el pintor, asimiladas e interiorizadas las enseñanzas fundamentales de Tiziano y Rubens, logra una nueva libertad imaginativa y, dejando de mirar de manera excesivamente tensa el arte de los museos, supera el conflicto entre plein air y taller.



Las formas lozanas y opulentas de las mujeres retratadas por el pintor en estos años son comentadas por cierta crítica, que le reprocha la enormidad de las piernas y los brazos, la blandura de las carnes y el color rojizo de la piel. Renoir responde explicando su intento de amalgamar sus figuras con el paisaje que les sirve de fondo, de crear una unión con las energías telúricas, de las cuales no se puede disociar la feminidad.




Se ata los pinceles a las manos, paralizadas por una artrosis deformante, y el pintor, vivo solamente durante las horas que puede dedicar al arte, valiéndose de un caballete movible que reduce al mínimo todos sus movimientos, pinta todavía con la felicidad y la ingenuidad de un niño desnudos y rostros femeninos, yuxtaponiendo las carnaciones de las retratadas al color de las rosas y confiriendo a la materia pictórica una nueva frescura.


A mediados de la década de 1890, comenzó a contraer la enfermedad del reumatismo, una enfermedad que se convirtió en una carga para el resto de su vida.

En 1907, Renoir decidió comprar un terreno en Cagnes-sur-Mer, donde construyó una vivienda donde permaneció con su familia. Trató de seguir pintando siempre que podía, pero el reumatismo le había afectado tanto a sus manos que ya apenas podía sostener un pincel. Desafortunadamente, cinco años después sufrió de un derrame cerebral que lo dejó en una silla de ruedas, pero esto no lo impidió de seguir creando arte.




En torno a 1900 la fama de Renoir se había extendido y estaba considerado como un gran artista. en  Cagnes-sur-Mer, donde compró una casa como acabo de  mencionar hoy museo. Finalmente tuvo que dejar de pintar y comenzó a dedicarse a la escultura, tarea que realizaba gracias a la ayuda de un joven escultor que llevaba a cabo las indicaciones del maestro.




Pierre-Auguste Renoir no paró de crear arte hasta el último de sus días, y pudo vivir para ver con un gran honor como el mismísimo museo de el Louvre compraba una de sus obras.

Finalmente Reinor murió en su casa, rodeado de su familia, el 3 de diciembre de 1919 a la edad de 78 años.


Escribe Georges Riviére que lo que hace de Renoir un excepcional retratista es su despojamiento del modelo de todo accesorio artificial ligado a su categoría social, ya se trate de lavanderas o de mujeres de mundo, de adultos o de niños: "Logra liberar de toda incomodidad a la persona que posa; muchos recuerdan la paciencia, la amabilidad que usaba para ganarse su simpatía" y conferir al cuadro esta libertad compositiva.

La actividad tardía de Renoir se caracteriza por el predominio de tonalidades amarillorojizas, de los colores del sol y de las rosas: el anciano maestro, inmerso en la naturaleza mediterránea de Cagnes, expresa su intensa luminosidad solar en cada pincelada que traza fatigosamente sobre el lienzo.









Bibliografía : https://elmuseodearteonline.com
                     https://www.slobidka.com/




jueves, 18 de noviembre de 2021

Lizzie Riches

Lizzie Riches nació en Londres en 1950 y creció cerca de Epping Forest, que es donde desarrolló su amor por la historia natural. Lizzie fue a la Escuela de Arte de Camberwell y al Colegio Goldsmiths, pero se sintió fuera de lugar con los estilos de pintura de finales de los sesenta que preferían desarrollar su propio lenguaje visual.




Vivió durante muchos años en las zonas rurales de Suffolk; sin embargo, no fue el paisaje lo que la inspiró, sino los pájaros, animales, plantas e insectos que encontró allí. Sus intereses se han ampliado a la flora y fauna exóticas y está particularmente fascinada por la relación entre la civilización humana y el mundo natural.



Quizá su principal inspiración fue en los jardines del Blickling Hall, una casa solariega de principios del siglo XVI ubicada en el condado de Norfolk, Inglaterra, y que se encuentra bajo la protección del National Trust desde 1940.



Son detalles que tal vez nos puedan servir para distraernos e irnos adaptando, de un modo u otro, a esta primavera tan inusual. Si lo hacemos con ánimo y optimismo, todo será más fácil y, antes de que nos demos cuenta, la pesadilla habrá terminado. Mientras tanto, mucho ánimo para todos.



Las visitas de Lizzie, durante su infancia, a la National Gallery de Londres despertaron, desde muy niña, su gran pasión por la pintura. Con el tiempo creó su propio estilo volviendo a estudiar las pinturas que había amado y admirado.



El arte es una de las mejores propuestas o alternativas con las que el ser humano se acerca a la naturaleza; ya que al ser de manera sensible, sensorial, y estética, es con el arte que se establece una de las más notables relaciones entre hombre y naturaleza, y la intervención no es tan agresiva, como lo son generalmente el resto de nuestras prácticas en ella



Finalmente Considerado un género menor dentro de la pintura. Siempre por debajo de las representaciones de figuras humanas que son, para algunos pintores y tratadistas, el culmen de la obra pictórica. Las naturalezas muertas o bodegones se han ganado un lugar amplio e importante en las colecciones de todo amante de la pintura que se preciase a lo largo de la historia.













martes, 16 de noviembre de 2021

"Retrato de una mujer joven" obra de Ernst Deger


"Retrato de una mujer joven" obra de Ernst Deger (1809-1885) del año 1835 y con unas dimensiones de 44.5 x 38 cm. Actualmente se encuentra en el Instituto de arte Städel en Fráncfort del Meno_ Alemania.


El pintor alemán Ernst deger (1809-1885) es considerado uno de los principales representantes de la Escuela de pintura de Düsseldorf. Asistió a la Academia de arte de Berlín desde 1828 y se trasladó a la Academia de arte de Düsseldorf en 1829, donde estudió con Wilhelm von Schadow.




En 1837 fue a Italia con Karl Müller, Andreas Müller y Franz Ittenbach para estudiar los frescos de los antiguos maestros en Florencia y Roma. Overbeck, líder de los prerrafaelitas alemanes y jefe de la "Escuela Nazarena", dio consejos y aliento a estos jóvenes artistas, y Deger aprendió mucho del contacto con este maestro. En 1842 regresó a Alemania. Después de su regreso, ejecutó los frescos de la historia de Cristo en la Iglesia de San Apolinar cerca de Remagen, de nuevo junto con Ittenbach y los hermanos Müller, en nombre del conde Franz Egon von Fürstenberg - Stammheim.



La escuela de pintura de Düsseldorf se refiere a un grupo de pintores que fueron educados especialmente en el siglo XIX -más precisamente entre 1819 y 1918- en la Academia Real de Artes Prusianas de Dusseldorf, enseñados allí por profesores de The Have. en las inmediaciones de la Academia de Bellas Artes.




La base del «triunfo de la Escuela de Pintura de Düsseldorf» fue el mercado del arte, apoyado en gran parte por la fuerte demanda de la creciente burguesía renana y westfaliana. Fuera de la enseñanza oficial de la Academia de Dusseldorf, los maestros dieron clases privadas. En el siglo XIX, entre otras cosas, esto permitió que alrededor de 200 artistas se capacitaran a nivel académico.




Sus obras están considerados una de las obras monumentales más importantes de la Escuela de Düsseldorf. De 1853 a 1857 Federico Guillermo IV le encargó la creación de murales religiosos dogmáticos en la capilla del Castillo de Stolzenfels. Fue asistido por Peter Joseph Molitor en esta obra, que se considera su obra maestra.



En 1869 recibió una cátedra de pintura de historia religiosa en la Academia de arte de Düsseldorf, donde había trabajado como profesor desde 1860. Entre sus alumnos se encontraban Franz Paul Massau y Friedrich Stummel. Los críticos de arte contemporáneo han valorado la noble sencillez, la ingeniosa composición, la intimidad y la interioridad de sus obras, nacidas de su profunda piedad religiosa.



Bibliografía : https://www.hisour.com
                     https://kripkit.com

viernes, 5 de noviembre de 2021

Vasili Kandinski pintando “Curva dominate”




Vasili Kandinski pintando “Curva dominate”en su estudio con vistas al Sena, en Neuilly-sur-Seine el año 1936.

París fue el destino final para este artista, un destino marcado por la soledad y nuevamente la incomprensión de un sector del mundo del arte. Instalado con su esposa Nina en un moderno apartamento con vistas al Sena, en Neuilly-sur-Seine, recomendado por Duchamp, el maestro retomaba su camino: “París, con su maravillosa luz (sedosa e intensa), ha suavizado mi paleta: hay otros colores, otras formas completamente nuevas y algunas que no había utilizado en años”, escribía en 1936 a Alfred Barr, director del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Pero su recibimiento dentro del escenario artístico no fue el merecido. Dominado en su mayoría por el surrealismo, muchos de los grandes maestros de la vanguardia se negaron a recibirle, despreciando su maestría. No obstante, el ruso también marcó sus distancias alejándose de todo lo asociado con el cubismo, al que consideraba simplemente como un momento de transición hacia una abstracción mayor y más pura. Y negándose a exponer con los surrealistas.



Fue el español Joan Miró el artista que más cercano estuvo de Kandinsky en este su último periodo. Compartieron afinidades estéticas y vitales, así como rivalizaban en elegancia, aunque el ruso superó al español: dicen que Kandinsky no abandonaba su traje de chaqueta ni para pintar. “Recuerdo sus pequeñas exposiciones en la Galerie Zack y en la Galerie Jeanne Bucher, en el Boulevard du Montparnasse. Sus gouaches me llegaban al fondo del corazón, se podía, al fin, escuchar música al mismo tiempo y leer un bello poema. Eso era algo mucho más ambicioso y profundo que el frío cálculo de Sectión d’Or”, recordaba Miró.


Joan Miró el artista que más cercano estuvo de Kandinsky en este su último periodo. Compartieron afinidades estéticas y vitales, así como rivalizaban en elegancia, aunque el ruso superó al español: dicen que Kandinsky no abandonaba su traje de chaqueta ni para pintar. “Recuerdo sus pequeñas exposiciones en la Galerie Zack y en la Galerie Jeanne Bucher, en el Boulevard du Montparnasse. Sus gouaches me llegaban al fondo del corazón, se podía, al fin, escuchar música al mismo tiempo y leer un bello poema. Eso era algo mucho más ambicioso y profundo que el frío cálculo de Sectión d’Or”, recordaba Miró.


LOS SONIDOS DE LOS COLORES SEGÚN KANDINSKY:

Naranja:
El color naranja refleja una sensación fuerte y radiante. Se trata de un tono grave capaz de transmitir vida. Un sonido semejante al de una campana o una viola.

Rojo:
El artista asegura que el color rojo le transmitía inquietud y una nostalgia alegre. Le recordaba a su infancia y a su feliz juventud, con un sonido similar a los tonos claros de un violín.

Amarillo:
El color amarillo irradia luz, sobresale por encima del cuadro e inquieta al espectador. En cuanto a su sonido, se escucharía similar a un clarín o una trompeta.

Verde:
Este color, según Kandinsky, evoca paz y calma, pareciéndose a aquellos tonos emitidos por un violín más profundos y tranquilos.

Violeta:
El violeta era concebido por Wassily como un color apagado y lento, de tal forma que lo relacionaba con la vejez y el luto. En cuanto a su sonido, se le relacionaba con la gaita y el fagot.

Azul:
Para el artista, el azul tiene un movimiento parecido al de un caracol dentro de su concha, lo veía como un color puro que podía ser comparado con un órgano, un violonchelo o una flauta.

Blanco:
Kandinsky hace referencia al blanco como un color que es capaz de ofrecer un mundo donde el color material se disuelve y desaparece para evocar una alegría pura. Estaba seguro de que el blanco se trataba de una pausa musical.

Negro:
Para Kandinsky el negro era el color más triste y apagado. Lo relacionaba de forma directa con el luto, la nada, y la noche. Su sonido era silencioso, como el blanco, pero en este caso tras la pausa se abría la oportunidad de comenzar otro mundo.