jueves, 6 de febrero de 2020

Eusebio Arnau i Mascort


El escultor barcelonés Eusebio Arnau i Mascort (1863 -1933), comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de La Llotja de Barcelona y más tarde en diferentes ciudades europeas como Florencia, Roma, Bruselas y París. A su regreso a España se instaló en Madrid, pero a continuación volvió a su ciudad natal donde organizó su taller.



Arnau es uno de los escultores más representativos del modernismo, siendo alumno de Agapito Vallmitjana y del escultor Josep Gamot. Fue pensionado por la Diputación de Barcelona y viajó a Roma y Florencia. También realizó viajes a París, donde cursa estudios. Su formación se completó en el taller de los arquitectos Lluis Domènech i Montaner y Antonio María Gallissà.


Eusebio Arnau fue un consumado maestro en el arte de la medallística y de la escultura aplicada a la arquitectura, de lo que hay numerosos ejemplos.
En su taller tuvo como discípulo a Pablo Gargallo y a Josep Dunyach entre otros. Junto con el escultor Josep Llimona trabajó en el retablo de la Iglesia basílica de Santa Engracia de Zaragoza.


Sus esculturas aplicadas a la arquitectura como las de la casa Lleó Morera, casa Amatller, Hotel España, Palacio de la Música Catalana y Hospital de San Pablo (todas en Barcelona), lo catalogaron totalmente como escultor destacado del modernismo.


En el primer período de su actividad artística (1880- 1896) realizó obras anecdóticas que requerían argumento y gran observación: son trabajos en los que reproduce fielmente la realidad. A partir de 1891 evoluciona hacia una cierta idealización, e inicia su relación profesional con arquitectos. 


El segundo período, que se puede denominar modernista (1897-1911) es el más productivo y representativo del escultor; la influencia de su formación francesa es evidente, muestra gran interés por captar el movimiento y tiende a formas suaves. Lleva el arte decorativo a alto nivel, realizando trabajos complejos que lo aproximan a Rodin y a Meunier.


Hacia 1907 se aprecia cierta ambivalencia en algunas obras de carácter simbólico, uniendo figuras de lenguaje historicista (de retorno al mundo medieval) junto a otras en las que muestra interés por el desnudo femenino expuesto con simplicidad y claridad propias del Noucentisme. 


Características que dan paso al tercer período (1912-1933), eminentemente clasicista y marcado por una progresiva simplificación de formas. Fue un gran creador en diferentes ámbitos (escultura de salón, aplicada a la orfebrería, funeraria, decorativa...), destacando considerablemente en el arte de la medalla y de los modelos aplicados a la arquitectura, en los que se inició a partir de 1890. Actividad que representó el inicio de una dilatada e importante trayectoria, caracterizada por la proporcionalidad, elegancia y armonía.


Se relacionó con los arquitectos más prestigiosos del Modernismo, y realizó modelos escultóricos para Josep Azemar Pont, Miguel Bertrán de Quintana, Lluís Domènech i Montaner, Antoni de Falguera i Sivilla, Antoni Maria Gallissà, Josep Puig i Cadafalch, Enric Sagnier Villavecchia y Alexandre Soler i March, entre otros.


Entre los numerosos premios que obtuvo cabe destacar: primera medalla en la sección de Artes Decorativas de la Exposición de Bellas Artes de Madrid (1908); medalla de oro, ofrecida por el Círculo Artístico, en la VI Exposición Internacional de Arte (1911), y tercera medalla en la sección de escultura de la Exposición Nacional de Pintura, Escultura y Arquitectura de Madrid (1912).







Bibliografía : https://sites.google.com/
                       https://dbe.rah.es

martes, 4 de febrero de 2020

Actualizamos esta información respecto al año 2015 

La capilla de San Pedro es conocida familiarmente como capilla de los Reyes, (se encuentra en La Iglesia Catedral Basílica de san Antolín en  Palencia, Castilla y León _ España.

Los tres relieves en yeso que la adornan con el tema de los Reyes Magos. Fue construida en el siglo XIV por artistas anónimos y reformada en el XVI por los hermanos Juan y Jerónimo Corral de Villalpando. Se encuentra situada en la girola, ocupando el primer lugar después del edículo, en el lado de la epístola. Es de planta hexagonal y se cubre con bóveda estrellada.



Está situada en la cabecera, exactamente en el comienzo de la girola desde el lado de la epístola. El trabajo ornamental corrió a cargo de los hermanos Juan y Jerónimo Corral de Villalpando, expertos decoradores en yeso que desplegaron un repertorio de adornos (angelotes, trapos colgantes, cueros recortados, grutescos, frutas, termes…) por todos los paramentos y bóveda, dando como resultado una sensación de “horror vaccui” (horror al vacío)


Con una estructura gótica, con cubierta estrellada, pero su decoración es renacentista y barroca, con yeserías policromadas en azul, blanco y ocre cubriendo los testeros, con los tres Reyes Magos en lugar destacado y bóveda con los profetas Isaías, Balaam y David junto a angelotes, escudos y grutescos. Se cierra con reja dorada, policromada y con medallones con las caras de los Reyes, obra de Francisco Martínez.



Los supradichos añadidos renacentistas han llevado a esta capilla a ser una de las más ricas del templo. Los tres Reyes Magos ocupan un lugar destacado, dentro de marcos individuales limitados por columnas y en actitud de marcha. Los colores predominantes en estas yeserías son los azules, blancos y ocres. El zócalo es de azulejos de Talavera, detalle que se encuentra en otras capillas de la catedral.


Un edificio de grandes proporciones (130 m de longitud, 50 m de anchura en el transepto y unos 43 m de altura en el ábside), y es la tercera catedral más grande de España. Por el exterior es sencilla y sorprendente, y es el resultado de numerosas ampliaciones y transformaciones realizadas durante más de mil años. 



La catedral de Palencia se encuentra en el centro histórico de la ciudad, y es conocida popularmente como La bella desconocida. Construida a lo largo de catorce siglos, esta catedral es uno de los elementos más destacados de Palencia, y el primero de sus monumentos en ser declarado Monumento Nacional en 1929.


A todas estas curiosidades se le añade el tamaño del templo. No me parece que esté mal ocupar el tercer puesto dentro de las catedrales más grandes de España, sobretodo si tenemos en cuenta que en España  hay 88 catedrales, de los cuales 16 están en Castilla-León.


Para terminar el templo gótico de Palencia hace un año estrenó un sistema con 130 sensores que alertan de deterioros Estos aparatos que vigilan la temperatura del interior, las humedades y si las fisuras en los muros aumentan de grosor en un edificio que dentro de siete años cumplirá siete siglos. 







Bibliografía : https://elpais.com/cultura

viernes, 31 de enero de 2020

Amalia de Llano y Dotres, obra de Federico de Madrazo y Kuntz

Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, obra de Federico de Madrazo y Kuntz del año 1853 y con unas dimensiones de 126 x 89 cm. Actualmente se encuentra en la Sala 062B en el Museo del Prado en Madrid _ España.


Hijo del influyente pintor neoclásico José de Madrazo (fue un personaje importante en la cultura artística de su época, llegando a dirigir el Prado durante 21 años, hasta su muerte),  Federico de Madrazo y Kuntz nació en Roma en el año 1815, donde su padre servía al rey Carlos IV en el exilio. Fue bautizado en la basílica de San Pedro del Vaticano y apadrinado por el príncipe Federico de Sajonia. 




Federico Madrazo en 1875 retratado por su hijo Raimundo Madrazo,

Obra cumbre de la retratística romántica española y el más atractivo de los retratos femeninos de su autor, es, sin duda, la obra más emblemática de las colecciones del siglo XIX del Museo del Prado.


Amalia de Llano y Dotres (1821-1874) contaba con treinta y dos años cuando Madrazo la retrató. una escritora muy destacada en la vida cultural del Madrid del siglo XIX que participó y organizó salones literarios muy frecuentados por las figuras intelectuales de su época. Amiga personal de Madrazo, su relación culta y familiar queda de relieve en un retrato que combina la aristocracia de la modelo con la simpatía de su pose.


Madrazo era exponente de la corriente más clasicista de la pintura decimonónica. Estudió en París y allí recibió el influjo de Ingres, que se rastrea en cada rasgo del cuadro: la pureza de la línea, las carnes blancas y el detalle de los ropajes. A estos rasgos aprendidos en el taller de Ingres, Madrazo añade una delicadeza en el tratamiento del tema y el manejo de colores, luz y texturas, que hace fácilmente reconocible su obra.


Doña Amalia será el prototipo de mujer que encandiló a la sociedad española decimonónica: alta y esbelta, de cutis pálido y mirada dulce pero que impone ciertas distancias como perfectamente se muestra en el retrato, al que Antonio de Marichalar llegó a calificar de "nuestra Gioconda del siglo XIX" debido a su intensa mirada fija en el espectador con coquetería y su media sonrisa.


Casó el 12/10/1839 con Gonzalo José de Vilches y Parga (1808 - 1879), que sería I conde de Vilchesdesde 1848, del que el Prado conserva dos retratos). Destacada defensora de la causa monárquica desde la caída de Isabel II. Amalia llegó a publicar las novelas Berta y Lidia. 



Federico Madrazo razo alcanza en esta efigie la conjunción perfecta de todos los recursos plásticos alcanzados en su producción madura, alcanzando en esta ocasión su refinamiento más esmerado, al servicio de una de las mujeres más hermosas y encantadoras del Madrid isabelino. Interpreta el retrato con un marcado aire francés, muy adecuado a la elegancia de la modelo, aprendido durante su formación en París junto a Ingres. 


La pose de la dama consigue transmitir una sensualidad bien ajena a la tradición española. La pose coqueta de la modelo es, sin embrago, estudiadamente informal, lo que sirve al artista para conceder a la obra un grácil movimiento. La iluminación empleada por Madrazo hace que la blancura de las carnaciones femeninas destaquen contra la acusada oscuridad del fondo, a la vez que acentúa la sensación cromática. 



La sutileza de ciertos gestos de la modelo, como la delicadeza con que sostiene el abanico, el contacto casi imperceptible de sus dedos con el óvalo facial o la dulcísima sonrisa, replicada por su seductora mirada, suponen el culmen de los aciertos de este soberbio retrato.

Federico de Madrazo y Kuntz muere en Madrid, 10 de junio de 1894.





Bibliografía : https://museodelprado.museumsmadrid.org/

jueves, 30 de enero de 2020

Heidi Annalise

La artista estadounidense Heidi Annalise pinta paisajes “entre el realismo y el impresionismo”, añadiendo “un elemento de fantasía al mundo natural con colores acentuados y formas simplificadas”.


Representa con exactitud los accidentes geográficos, pero se permite licencias poéticas para pintar la niebla o las nubes con una apariencia cremosa o para que los arbustos entre los que asoman dos cervatillos parezcan más bien algodones azulados.


Dentro de la pequeña lata de pastillas de menta Altoids hay pegotes de pintura alineados, con extremos ya mezclados con otros colores, aplastados y convertidos en una versión más clara u oscura de sí mismos. El interior de la tapa es el soporte para un pequeño lienzo.


En el exterior, la caja metálica es su “joya portátil”, la herramienta para pintar en la naturaleza sin quebraderos de cabeza, convirtiendo la amplitud del paisaje en una miniatura íntima. 


No se atribuye la invención del sistema, otros han utilizado antes el útil recipiente de caramelos ingleses para hacer acuarelas. Las fotos en las que muestra sus trabajos son, sin embargo, especialmente estéticas: el paisaje real se completa con el que atesora la cajita, la pintura complementa al fondo.


Heidi Annalise reconoce que es una advenediza. “No estudié arte y escogí un camino sinuoso para llegar aquí, pero…”, escribe en la sección biográfica de su web, completando la frase con una cita de Vincent van Gogh, “…¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar nada?“


El pintor escribió la frase en torno al año 1881 (unos años antes de dar forma al estilo que lo haría maestro) en una de las primeras cartas de la abundante correspondencia que mantuvo con su hermano Theo. Eran los años de la valentía impresionista y las obras de Manet, Renoir, Monet o Degas ya habían desafiado al arte canónico. La revolución también pasó por salir del estudio y pintar al aire libre para representar con agudeza experta (y a la vez convertir en poesía) la riqueza de matices del paisaje.

Annalise comparte la pasión por el mundo natural que destiló el impresionismo. Menciona “la belleza de las montañas”, su nuevo escenario vital, un acicate para cambiar de vida y estar cerca de ellas: en 2015 dejó su “respetable trabajo gubernamental” en Washington DC y se mudó a su Colorado natal para ser pintora.




Bibliografía : https://blogs.20minutos.es