jueves, 5 de diciembre de 2019

Florencia en 4 de noviembre de 1966

Detalle del "El Baptisterio de San Juan" su construcción se atribuye a Teodolinda, reina de los Lombardos (570-628). Se encuentra en la "Piazza del Duomo", al oeste de Santa María del Fiore en Florencia _ Italia.



El 4 de noviembre de 1966 la ciudad italiana sufrió la peor anegación de su historia, la más grande desde 1270. En menos de 12 horas, Florencia fue invadida por 80 millones de metros cúbicos de agua. El río ingresó en la ciudad arrasando todo: casas, negocios, monumentos. El agua llegó a los cinco metros de altura y dañó tesoros inestimables de la ciudad célebre por ser la culla del Rinascimento (la cuna del Renacimiento).


Obras como el Crucifijo, de Cimabue, en la basílica de Santa Croce, la Madalena, en madera, de Donatello, o la Última cena, de Vasari, expuesta otra vez en 2006, se convirtieron en símbolos de la inundación.


Las obras de arte dañadas fueron cifradas en al menos 1.500; y bajo el agua terminaron un millón de libros y 30 mil vehículos. Las personas desplazadas fueron 18.000, mientras que 4.000 que perdieron sus hogares. 


Al principio nadie pareció darse cuenta de la magnitud de la inundación. El 4 noviembre era un día feriado se celebraba el fin de la Primera Guerra Mundial y la victoria de Italia contra Austria), por lo que todas las oficinas públicas estaban cerradas. En Roma no había un solo funcionario en servicio.


El primero en dar la alarma fue el alcalde de la ciudad, Piero Bargellini."¡Florentinos! Invito a todos a permanecer tranquilos y a reducir al mínimo la circulación, mientras pido a los que tengan botes y medios anfibios que los hagan llegar a Palazzo Vecchio, para los inmediatos socorros sanitarios, alimentarios y de rescate", solicitó por radio.


Los "ángeles del barro" fueron protagonistas de esos días, sobre todo, los miles de chicos y chicas que llegaron de todos los rincones de Italia y del mundo para colaborar en la salvación de las obras en peligro. Esos voluntarios, conocidos como "ángeles del barro", constituyeron una de las primeras manifestaciones espontáneas de jóvenes en el siglo XX.


Recordaban los ángeles del Barro "Llegamos a una ciudad en blanco y negro, completamente cubierta de barro. Era una escena increíble", recordó. "Dormíamos en las zonas en las que habíamos excavado con las palas durante el día, descansamos, también, debajo del porche de los Uffizi, con la bolsa de dormir".

Añadían, también, que en esos días en Florencia se oía hablar idiomas de todo el mundo.





Bibliografia : https://www.infobae.com

"Barcos en el Sena en Rouen" obra de Claude Monet

"Barcos cabalgando en el Sena en Rouen" obra de  Claude Monet, fue realizada entre los años 1872 a 1873 y con unas dimensiones de 46 x 37,7 cm. Actualmente se encuentra en la Galería Nacional de Arte de Washington DC _ Estados Unidos.


El día 5 de diciembre del año 1926 en Giverny el mundo del arte perdió a Claude Monet, quien nació el 14 de noviembre de 1840 en el quinto piso de 45 rue Laffitte, en el distrito 9 de París. Fue el segundo hijo de Claude Adolphe Monet, empresario, y Louise Justine Aubrée Monet, cantante.

El 20 de mayo de 1841, fue bautizado en la iglesia parroquial, Notre-Dame-de-Lorette, como Oscar-Claude, pero sus padres lo llamaban simplemente Oscar. Pese a ser bautizado como católico, se convertiría en ateo.


A parte de las flores Monet fue también el pintor del agua (Manet le llamó el Rafael del agua) y de lo efímero. Sentía predilección por determinados temas (escenas marinas, bosques, amaneceres, crepúsculos…), pero sobre todo lo que le interesaba era captar el ambiente, aunque eso supusiera el detrimento de la nitidez de las figuras y objetos. No buscaba solo lugares que le inspiraran, su objetivo era transcribir en el lienzo lo que la visión le sugería.


Tras una época de penuria económica, en otoño de 1871, Monet se traslada a Argentuil, donde pasará una de las temporadas más felices de su vida. Pintaba a menudo en las aguas del sena, sobre un bote que había convertido en una especie de taller flotante. Se interesaba por representar los efectos de la luz y el color en los paisajes. Durante este periodo produjo Las barcas, regatas en Argentuil, Rouen, Fecamp, etc.  Prescindiendo del color negro. La iluminación proviene de las velas y de los reflejos de la superficie del agua del río.


Su estancia en Argentuil fue clave para la fijación del grupo y de las normas impresionistas, que dieron la espalda al arte oficial. Renoir, Sisley, Pisarro, Cézanne, Degas, Gaullaumin y Morisot junto con Monet decidieron organizar una exposición privada fuera de la influencia del Salón Oficial. 


Intentó captar las variaciones del color a través de sus series sobre un mismo tema, a distintas horas o durante estaciones diferentes. Paulatinamente fue acentuando los efectos luminosos hasta llegar en ocasiones a difuminar las formas o incluso a fundirlas entre sí.


En las composiciones de este periodo, Monet aplica el color con pinceladas cortas y vigorosas. Esta técnica viene determinada por la espontaneidad y la inmediatez que exige la pintura al aire libre a la hora de captar una impresión de la naturaleza.








miércoles, 4 de diciembre de 2019

Libero Andreotti


El escultor italiano Libero Andreotti (1875-1933), ilustrador y ceramista desde los ocho hasta los diecisiete años trabajó en una herrería. Más tarde conoció a Alfredo Caselli y al poeta Giovanni Pascoli, que lo iniciaron en los intereses artísticos y culturales. Un tío suyo le encontró trabajo en Palermo, en la Librería Landron, y fue contratado como ilustrador del semanario "La battaglia".

Decepcionado por los ambientes isleños, regresó a la Toscana, en Florencia, donde continuó su labor de ilustrador, dibujante y ceramista.


  

Viajó a Milán donde empezó a dedicarse a la escultura de pequeñas dimensiones. Fue ayudado y apoyado por el marchante de arte Grubicy, que entendió su talento. Lo llevó a la Bienal de Venecia, donde participó en la VII Exposición Internacional de Arte y más tarde a París.


La estancia en París fue importante, ya que le permitió adquirir nuevas capacidades técnicas. Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, tuvo que regresar a Italia.

Tuvo una amistad profunda y fructífera con el crítico Ugo Ojetti, que lo introdujo en los principales centros artísticos del norte de Italia.


Andreotti se deja llevar por sus gustos, alejándose de lo verosímil, tendiendo a la irrealidad y a la abstracción. Prefirió, en escultura sobre todo, la línea o figura serpentinata, en que las figuras se disponen en sentido helicoidal ascendente.


El movimiento maneja temas y formas del Clasicismo ordenándolas, relacionándolas y complicándolas, buscando nuevas expresiones de belleza. El equilibrio y la serenidad son ahora desmitificados imponiéndose el contraste, la distorsión, la paradoja, el humor, la extravagancia.


Las figuras se encierran en marcos estrechos y fondos oscuros, resaltando como objetos-luz. En 1922, recibió su primer encargo de grandes dimensiones, el Memorial a los caídos de Roncade, al que siguieron los monumentos de Saronno, en la Basílica de Santa Cruz (Florencia), y el Arco de la Victoria en Bolzano.


Los últimos años de su vida los pasó en Florencia, donde fue coordinador cultural de la ciudad. Murió en 1933.

En los años ochenta del siglo XX, Pescia adquirió una considerable cantidad de los moldes de yeso que habían servido como base de las obras del artista. Con ellos se constituyó la Gipsoteca Libero Andreotti, que se encuentra en el antiguo Palacio comunal.




lunes, 2 de diciembre de 2019

La casa Navàs en Reus

La casa Navàs es uno de los más importantes edificios modernistas, situada en una esquina entre la plaza Mercadal junto a la calle Mayor de la ciudad de Reus (Tarragona)_ España, que fue proyectado por el arquitecto de Reus Lluís Domènech i Montaner y construido entre los años1901 a 1908, por encargo de su propietario, Joaquim Navàs Padró. 


Como arquitecto Domènech realizó edificios en los que se combina una racionalidad estructural con elementos ornamentales extraordinarios, inspirados en las corrientes arquitectónicas hispano-árabes y en las líneas curvas propias del modernismo.





Cada estancia de esta casa podría inspirar un libro. Cada pared admite horas de contemplación. Nada está ahí por casualidad y el conjunto puede desgranarse hasta el infinito.


A principios del siglo XX cuando el comercio reusense estaba en plena ebullición, Joaquim Navàs y Pepa Blasco extendieron al arquitecto Domènech i Montaner un cheque en blanco. Querían un edificio genuino. Una casa única que integrara en sus bajos el negocio familiar: la tienda de tejidos con la que labraban su fortuna.


La reusense Casa Navàs, uno de los edificios más exquisitos del modernismo catalán, pieza única. Domènech i Montaner concibió una casa esquinera con tres fachadas (la tercera cierra una gran terraza lateral) para que la luz natural llegara a todas las estancias, en muchas de ellas filtrada a través de espectaculares vitrales.


Los propietarios contrataron a los mejores artesanos del momento, como Gaspar Homar, que diseñó cada una de las lámparas y los muebles. Todos pensados especialmente para el lugar que tenían que ocupar.


Una gran escalinata de mármol recibe al visitante en forma de jardín petrificado. Es el primer impacto. En una de las paredes, una composición con cerámica veneciana, en las otras dos enormes vitrales.


Detrás de uno de ellos se sitúa ni más ni menos que el baño. La limpieza y el higiene era una obsesión de la propietaria, en una época en que el aseo no tenía la consideración actual. Sólo la bañera tenía seis grifos distintos y todos los lujos de la época.




El diseño y el trabajo de los artesanos se compatibilizó con la última tecnología del momento. La Casa Navàs fue de las primeras en tener instalación eléctrica, y también teléfono. Todo sigue ahí. Los propietarios de Casa Navàs, Dolors Blasco (here-dera de la familia) y el empre-sario Xavier Martínez han abierto en enero del año pasado la casa con visitas guiadas que descubren no sólo el valor artístico de cada estancia, sino la vida y la época a la que transportan.








Bibliografía : https://www.lavanguardia.com/