jueves, 5 de octubre de 2017

"Alleluia" obra de Thomas Cooper Gotch, fue realizada en el año 1896 con unas dimensiones 2355 x 190 mm. Se encuentra en Tate Britan, en Londres _ Inglaterra.


Fue pintor e ilustrador, hermano del notable arquitecto John Alfred Gotch. Se formó artísticamente en Londres en la Escuela de arte Hetherlies, entre los años 1876 y 1877 y más tarde perfeccionó su técnica en Amberes. 
Volviendo a Gran Bretaña, se estableció en la colonia de arte de Newlyn en Cornwall. Primero realizó pinturas de entornos naturales y pastorales antes de sumergirse en el estilo romántico pre-rafaelita por el que es más conocido. Su hija Phyllis Marianera habitualmente fue su modelo en muchas ocasiones para representaciones de sus obras en sus más coloristas pinturas.


Apoyaba fervientemente los derechos de la mujer y eso, sin duda alguna, se ve reflejado en su trabajo, en el cómo decide representar a la figura femenina y los simbolismos que utiliza. Aunado a esto, la atención prestada a los detalles textiles – y detalles en general-, sus composiciones inspiradas en el arte flamenco e italiano -las cuales le otorgan a sus protagonistas una presencia quasi Madonnesca– hacen de su obra algo muy singular que ni sus contemporáneos podían clasificar.


Su estilo cambiaría radicalmente tras un viaje a París y a Florencia, entre los años 1891 y 1892. Sus obras realistas del ámbito rural de Newlyn, giraron hacía un estilo marcado por sus vibrantes exuberantes colores, realizando sobre todo escenas de género alegóricas.


Thomas Cooper Gotch fue un buen retratista y un gran paisajista, pero sobre todo, un magnífico colorista. Expuso además sus obras en Cornwall, en la Royal Academy de Londres, de la que fue expositor habitual, en el Royal College of Art y en el Salón de París.


Pintó obras sobre el tema de la maternidad y la infancia. Aquí los colores de la joya y el fondo de oro recuerdan antiguos retablos, donde se lee "Oh Señor; y tus santos te bendecirán". Ellos hablan de la gloria del reino, se inscribe en latín a lo largo de la parte superior.


No es muy reconocido entre los historiadores de arte, aunque si lo fue a un notable nivel en la historia de la pintura británica. De hecho, sus obras están representadas en importantes colecciones de todo el mundo, sobre todo en Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Reino Unido.
Actualmente en el Reino Unido se siguen exhibiendo regularmente sus cuadros, siendo objeto de estudios académicos.


lunes, 2 de octubre de 2017

"Sacra Capilla del Salvador", Úbeda


"Sacra Capilla del Salvador",  es un templo construido bajo patrocinio de Francisco de los Cobos como panteón anexo a su palacio de Úbeda, Jaén _ España.


Esta capilla exenta, panteón de Francisco de los Cobos, secretario universal del Emperador Carlos V y su principal consejero en asuntos de la hacienda imperial, es una obra maestra de Diego de Siloé, en cuya planta sublima todo el simbolismo funerario que encierra la rotonda como evocación del Santo Sepulcro. El proyecto de Siloé lo ejecutó Andrés de Vandelvira a quien se debe enteramente la Sacristía. El resultado es una Iglesia que está a la altura de la mejor arquitectura italiana del Renacimiento.


La Capilla de El Salvador aparece hoy como una unidad aislada, pero fue concebida por Francisco de los Cobos dentro de una compleja operación urbanística que suponía la transformación de una manzana completa de la irregular y saturada retícula urbana.


En 1536 las obras fueron rematadas por Andrés de Vandelvira y Alonso Ruiz, los cuales debían de seguir en todo momento las instrucciones redactadas por Siloé, publicadas por Don Manuel Gómez Moreno. 


La planta está formada por una nave con bóvedas tardogóticas con capillas acasetonadas y una capilla mayor en forma de rotonda con casetones flanqueda por dos bellas bóvedas, bajo la torre una, la otra da acceso a la sacristía. En última instancia, el círculo nos remite al Panteón de Roma y al Santo Sepulcro de Jerusalén, la nave, por su parte, responde a las exigencias del culto.


En El Salvador se han unido los anhelos de inmortalidad pretendidos por su mentor, don Francisco de los Cobos, con la calidad arquitectónica y escultórica propiciada por grandes artistas del Renacimiento: Diego de Siloé, Andrés de Vandelvira y Esteban Jamete. La iglesia fue consagrada en 1559. 


Una inscripción en uno de los pilares de la nave así lo recuerda: “Consagró esta Sacra Iglesia, el Rvdmo. Don Diego Tavera, de buena memoria, obispo de Jaén. Domingo día 8 de octubre del año 1539. Presidiendo en la silla de San Pedro, Pío cuarto y Reinando en España Felipe II de este nombre”.


Don Francisco de los Cobos y su esposa, Dª. María de Mendoza, dotaron con un rico patrimonio mueble, aumentado con sus descendientes los Marqueses de Camarasa, a la Sacra Capilla. De aquel valioso tesoro poco ha llegado de los últimos herederos de los Camarasa. De la abundante orfebrería aún custodiada en la sacristía destacamos una cáliz de plata sobredorada tardogótico de finales del siglo XV que, según la tradición, fue regalado por el emperador Carlos V a Cobos.


De excelente colección pictórica atesorada por Cobos nada queda en la Capilla, pues incluso las piezas no destruidas en 1936 como la Piedad (siglo XVI), de Sebastián del Piombo, un Calvario (siglo XVI) y una Magdalena penitente se encuentran en la actualidad depositados en la Casa de Pilatos.


Para paliar estas importantes perdidas la Fundación Medinaceli ha colgado una réplica de la citada Piedad en una de las capillas de la nave. Sólo ciertos restos pudieron salvarse del famoso San Juanito.


El gran retablo del Altar Mayor, parcialmente destruido en 1936, representa -bajo un guardapolvo del XVIII-, la Transfiguración de Jesús en el monte Tabor, tradicionalmente atribuida a Alonso de Berruguete; el conjunto fue restaurado por el escultor José Luis Vassallo. 


La gran reja, que separa el espacio central o rotonda del resto de la nave, se asienta sobre los capiteles marmóreos del patio del palacio cercano de Cobos y es uno de los ejemplos más relevantes de la rejería española, atribuyéndose su ejecución a Francisco Martínez y Francisco de Villalpando; está fechada en 1555, año de consagración de este espléndido templo funerario. 


En la Sacra Capilla del Salvador y quizás de forma particular en la definición de su planta, Diego de Siloé culmina un camino -iniciado en España junto a Pedro Machuca hacia 1520- de recuperación de la arquitectura de la Antigüedad y de sus significados simbólicos a través de la asimilación de los modelos del renacimiento italiano. 


Una visión detenida y global del Salvador conlleva la impresión de estar ante un templo en el que sorprende la simetría en la ordenación del conjunto y una rigurosa proporcionalidad milimétrica,impresión que responde a una estudiada dimensionalidad humana, tema muy utilizado en al Renacimiento.El templo acumula obras de arte de grandísimo valor.


Estamos ante una iglesia invadida de una luminosidad diáfanal que invitan al visitante a representar mentalmente la ambientación originaria de lo que fue una culta y humanista iglesia del siglo XVI español.



Bibliografía :http://www.renacimientodelsur.com



jueves, 28 de septiembre de 2017


"El Columpio" obra de Jean-Honore Fragonard, fue del año 1767 con unas dimensiones de 81 × 65 cm. Se encuentra Colección Wallace, Londres _ Reino Unido.

La primera vez que vi este cuadro fue en un caballete en la casa de mi hermano. Venimos de una familia de pintores, anónimos pero a quienes nos ata un vínculo muy especial con el arte. Dedico este cuadro y en especial este tema del blog a mi hermano, que aunque le quedaban pocos detalles no lo pudo terminar. Nos dejó para siempre en Abril del año 1992. 

 

El columpio, también conocido como Los felices azares del columpio, es una de las obras más emblemáticas del siglo XVIII. Fue realizada como fruto del encargo de un poderoso barón en el año 1776. Parece ser que en un principio la obra fue encargada por el mismísimo pintor Fraçois Boucher pero éste se negó a aceptarlo por su atrevimiento.


Se trata de una escena galante que representa las diversiones de la época, representando a la perfección la vida de la nobleza francesa que residía en la corte del monarca Luis XVI. La sensualidad que desprende la obra es innegable: ambientado en un frondoso bosque, una bella dama aparece columpiándose con una actitud muy sensual –su falda se levanta y nos permite ver sus medias e incluso el liguero- mientras con una pícara sonrisa, lanza su zapato al aire.


Junto con Watteau, Chardin o Boucher y con el trasfondo de la Ilustración, Fragonard (1732-1806) es uno de los pintores más significativos del periodo rococó. Encasillado como pintor frívolo, lo cierto es que Fragonard desarrolló una intensa actividad en el ámbito de la pintura mitológica y religiosa, el retrato y el paisaje.


El artista establece una composición piramidal entre los tres personajes, la dama es el centro de la misma ya que su cabeza aparece como el vértice superior del mismo. Además es a ella a quien se dirigen todas las miradas y la luz filtrada a través de la espesa vegetación del bosque la ilumina a la perfección.

Detalle de autorretrato de Fragonard del año 1769

La pincelada tiene una gran fuerza, parece espontanea y está fuertemente cargada de empaste pero en realidad se hace precisa en multitud de detalles. Los colores son suaves y alegres con predominio de los tonos pastel típicos de la pintura rococó, especial mención atención se presta a los tonos verdosos y amarillentos de la flora que contrastan con el rosa del vestido que lleva la joven.


Su gran sed de conocimientos en el arte del pintar es sin duda una de las razones de la diversidad de estilos que presentan sus cuadros. Francastel decía de él que pintaba de lo mismo que respiraba. Se formó con Chardin, Van Loo y sobre todo Boucher, con quién debutó con pinturas de temas galantes plasmados con una alegre gama cromática. 


Durante su estancia en Italia (1756-1761), en Roma estudió a los grandes decoradores barrocos como Pietro da Cortona, a la vez que se dedicaba junto con el pintor Hubert Robert, a los aspectos más encantadores del paisaje italiano que fijó en bocetos de una gran importancia para el desarrollo de elementos paisajísticos en obras ulteriores.


A la búsqueda de nuevas experiencias, viajó a los Países Bajos, contribuyendo al gusto por la pintura holandesa con una serie de escenas pastorales que se inspiran de Van Ruysdael, pero se interesó sobre todo en Rembrandt y Franz Hals, utilizando los audaces efectos de luz del primero, y del segundo, la fluidez de sus pinceladas, lo cual modificó su estilo a partir de los años 1770.




lunes, 25 de septiembre de 2017

El castillo secreto de Gaudí



La Torre Bellesguard es una de las obras más desconocidas y fascinantes de Antoni Gaudí. Se trata de una casa particular construida entre los años 1900 a 1909 por el genio modernista, la Casa Figueras (su nombre oficial) que parece un castillo medieval que está en la parte alta de Barcelona _ España

El lugar ha estado cerrado al público durante años, pero en agosto del año 2013, la familia Guilera que la habita (la familia Guilera es la propietaria de la Torre Bellesguard desde 1944), quería dar a conocer.



El edificio es una mezcla espectacular de modernismo y gótico que rinde homenaje al castillo medieval que estaba en este mismo lugar. Era la residencia de verano del legendario rey de la Corona de Aragón Martí l’Humà, pero tras su muerte entró en decadencia y fue abandonado.


La cuestión es que cuando Gaudí recibió el encargo de la familia Figueras aprovechó las estructuras existentes para dar luz a una casa de estilo neogótico en la que la naturaleza y la arquitectura se funden en uno, y todo rodeado por un muro con almenas espectaculares. Cruzar el umbral es penetrar en un espacio desconocido para el público en general y un espacio de cuento de hadas que forma parte de las mejores rutas modernistas. 


Las vicisitudes del tiempo no le son extrañas a la Torre Bellesguard. De casa familiar pasó a ser un orfanato durante la Guerra Civil (cuando se perdió buena parte del mobiliario original, diseñado por el mismo Gaudí), para luego reconvertirse en los años 40 en un hospital… hasta que la actual familia propietaria, los Guilera, decidieron recuperar su uso original como residencia particular. La Torre Bellesguard es el único trabajo en el que Gaudí gozó de libertad absoluta para crear y es por eso uno de los más importantes de su carrera, que rinde homenaje a la historia y la tradición de Cataluña.


El punto central del misterio de la personalidad de Gaudí reside precisamente en la capacidad innata para descubrir, revelar y recrear un universo entero. Y además señalaremos que la originalidad de Gaudí no tiene orígenes meramente terrenos, meramente intelectuales o instintivos. Mejor que razones de su destino , que las influencias de su educación , lo que debió aproximarle a Dios hasta convertirse en un místico , en un beato, debió de ser el vivo descubrimiento de un factor divino que residía en su interior


No hay duda y esto ratifica la complejidad intrínseca de Gaudí, que otras corrientes ideológicas muy distintas convergían en su pensamiento. Así la tendencia espiritualista, que tuvo raíces célticas del prerrafaelismo inglés ( la Prerrafaelista Brotherland que fue fundada en 1848 ) y que a través del movimiento " Arts and Crafts " de William Morris de 1861, renovado por Ahibee en 1888 y de los arquitectos y decoradores de la escuela de Glasgow, no dejó de llegar a Cataluña para ejercer una duradera influencia.


En esta etapa Gaudí se inspiró sobre todo en el arte gótico medieval, el cual asume de forma libre, personal, intentando mejorar sus soluciones estructurales. El neogótico fue en aquella época uno de los estilos historicistas de mayor éxito, sobre todo a raíz de los estudios teóricos de Viollet-le-Duc. Gaudí estudió con profundidad el gótico catalán, En sus obras elimina la necesidad de contrafuertes mediante el empleo de superficies regladas, y suprime cresterías y calados excesivos.


Siete de las obras de Gaudí han sido declaradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad: en el año 1984 y la declaración de Patrimonio Mundial de estas obras de Gaudí supone reconocer su valor universal excepcional. De acuerdo con sus Criterios de evaluación del Valor Universal Excepcional.